
Imagine una comunidad donde los pumas no huyen de las personas y los tapires caminan cerca de las casas sin miedo. Esa es la realidad que retrata Living with Pumas and Tapirs, documental de Bird n Wild sobre Rincón de San Josecito, en la Península de Osa, donde humanos, pumas y tapires conviven pacíficamente en un caso inédito para Costa Rica.
La producción retrata el cambio radical de una comunidad ubicada en los límites del Parque Nacional Corcovado. Hace apenas unas décadas, la realidad era opuesta. La pobreza extrema obligaba a los habitantes a depender del bosque para sobrevivir. Se cazaban tapires, pumas, tucanes y chanchos de monte para alimentarse. Algunas especies estuvieron cerca de desaparecer de la zona.
El giro comenzó con la llegada del ecoturismo. Una pareja impulsó la idea de atraer visitantes y, con el tiempo, el “boca a boca” llevó turistas hasta la comunidad. Los ingresos económicos modificaron la relación con la biodiversidad. Los animales dejaron de verse como recursos y pasaron a convertirse en el principal atractivo de la región.
Ese cambio económico derivó en una transformación cultural. Hoy, los habitantes describen a los tapires y pumas como parte de la identidad local. Los vecinos dejan frutas como bananos, mangos y papayas cerca de las viviendas para atraer a los tapires, una especie que normalmente evita el contacto humano y que está en peligro de extinción en buena parte de su distribución natural.
La convivencia con los pumas también rompió patrones históricos de conflicto. En la mayoría del continente, estos felinos son asociados con ataques al ganado o amenazas para las personas. En Rincón de San Josecito, en cambio, deambulan entre el bosque y las casas sin mostrar agresividad ni temor. Los avistamientos cercanos se convirtieron en una experiencia cotidiana para residentes y turistas.
El documental plantea que esta dinámica es posible porque los animales identifican la comunidad como un espacio seguro. Los antiguos cazadores ahora funcionan como escudos de protección. Uno de los testimonios resume esa transición generacional: antes, ver un puma implicaba matarlo; ahora, la reacción es avisar a los vecinos para protegerlo.
La historia de un puma llamado “Gemelito” expone, sin embargo, los límites de esa convivencia. El felino creció dentro de la comunidad y fue observado desde cachorro por los habitantes. Cuando alcanzó la adultez salió en busca de territorio propio y terminó asesinado a tiros cerca de otra población vecina que no comparte la misma cultura de conservación.
El caso de “Gemelito” se convirtió en el principal argumento para expandir el modelo de Rincón de San Josecito hacia otras comunidades de la Península de Osa. La iniciativa se desarrolla junto con la Fundación Corcovado, organización creada en 1992 para impulsar proyectos de conservación en la zona.
El plan incluye programas de educación ambiental dirigidos a niños, padres y docentes, además de la capacitación y certificación de habitantes locales como guías turísticos. El documental busca recaudar $82.000 para financiar instructores, materiales educativos, salidas de campo y equipo técnico.
La apuesta detrás del proyecto es replicar una fórmula que cambió la economía y la relación con la fauna en una de las regiones más biodiversas del país: sustituir la cacería por turismo y convertir zonas de conflicto en refugios de conservación.
