
La historia de los judíos en nuestro país es retratada en el recién abierto Museo de la Comunidad Judía de Costa Rica.
Entre paredes, objetos, imágenes y textos se teje la historia de hombres y mujeres que dejaron pueblos lejanos en Polonia en busca de una mejor vida; una vida en libertad.
Se asentaron en Costa Rica, donde 75 años después se ve el fruto de una comunidad con raíces firmes.
El museo es el producto de tres lustros de labor incesante por recuperar la historia de dicha comunidad.
Bajo la iniciativa de Vilma Faingezicht y la ya desaparecida Frida Kierszenson nació un proyecto que, a través del testimonio de esos inmigrantes que conformaron la comunidad, pudiera reconstruir la memoria histórica de esa congregación.
Con el tiempo el proyecto creció y bajo el liderazgo de Faingezicht se transformó en la realidad que es hoy: un museo.
Con la asesoría de un equipo de museógrafos y arquitectos entre los que están Melania Ortiz, Felix Barboza, Álvaro Vega, Isaac Dajles y Gabriel Kleiman, el Museo de la Comunidad Judía de Costa Rica abrió sus puertas el 20 de setiembre.
En seis salas se pueden palpar las raíces de la religión judía; la vida que vivieron los antepasados en Polonia; su llegada a Costa Rica, inserción al campo laboral y cultural; las celebraciones judías y la creación de las instituciones comunitarias.
También se recuerda el horror del Holocausto y a aquellos familiares de miembros de la comunidad judía que fueron asesinados durante la barbarie nazi.
En busca de libertad. Si bien se sospecha que algunos judíos -bajo la forma de nuevos cristianos- se asentaron en Costa Rica durante la Colonia y se sabe de varias familias judías sefarditas que llegaron a Costa Rica durante el siglo XIX, estos nunca se organizaron como congregación.
La historia de la Comunidad Judía de Costa Rica -y la de su museo- se inicia con aquellos que iniciaron la travesía a esta tierra a finales de la década de los años 20 y principios de los 30; cuando las represiones contra los judíos en Europa central eran latentes.
Entre fotos, boletos de barco, pasaportes y cartas escritas en Yidish se aprecia que los hombres fueron los primeros en hacer la travesía. Una vez asentados y con dinero para el pasaje de barco de su familia, vinieron esposas y niños.
Llegaron a Costa Rica por cuestiones de la suerte, pues esa fue la visa que consiguieron, explica Faigezicht. Luego, uno empezó a traer a otro familiar o amigo, eso explica por qué la mayoría de los fundadores de la comunidad judía costarricense proviene de dos pueblos polacos: Zellechow y Ostrowietz.
La segunda oleada migratoria se dio 15 años después; esta vez se trató de sobrevivientes del Holocausto. Una tercera oleada, desde países suramericanos, se dio en los años 70.
A lo largo de la exhibición se puede apreciar cómo los individuos cambiaron su vestimenta y algunas costumbres al incorporarse a la sociedad costarricense, sin dejar de lado sus tradiciones.
Hay muestras de los periódicos comunitarios, algunos que datan de los años treinta, las primeras aulas de enseñanza del hebreo y las tradiciones judías, la formación de agrupaciones femeninas y movimientos juveniles; en fin, el surgimiento de la vida comunitaria.
La intención del museo es ser la memoria viva para las nuevas generaciones de la comunidad judía y una muestra de la historia costarricense para todo el país.
El museo, ubicado en las instalaciones del Centro Israelita en Pavas, abre de lunes a viernes de 10 a. m. a 2 p. m. y atiende visitas solo bajo cita. Se puede solicitar una cita al teléfono 520 1013.