
Con apenas 20 años, el puertorriqueño Javier José Vázquez Zayas transformó sus ahorros en un negocio avícola que hoy produce 1.200 huevos diarios. El emprendimiento comenzó hace apenas 10 meses con la compra de 50 gallinas ponedoras y ahora cuenta con unas 1.400 aves, que se crían en una finca ubicada en el barrio Maná de Corozal, Puerto Rico.
El joven afirma que el bienestar de las aves marca la diferencia en su producción. Bajo esa premisa, permite que las gallinas salgan todos los días a pastorear, picotear la hierba y tomar baños de tierra. Según explica, ese manejo se refleja en la calidad del producto bajo el concepto de “gallinas felices, huevos de calidad”.
El deseo de tener un negocio propio surgió cuando todavía cursaba la escuela superior. Desde niño colaboró con sus padres en el cultivo y comercialización de cilantrillo en Puerto Rico. Allí participó en labores como la recolección y el empaque, una experiencia que fortaleció su vínculo con la agricultura.
Aunque nunca imaginó dedicarse a la avicultura, una conversación con su padre cambió el rumbo de su proyecto. Él le sugirió explorar el negocio de las gallinas ponedoras. A partir de esa idea nació JN Farm, nombre que eligió como homenaje a sus padres, José y Nancy.
A principios de agosto del año pasado utilizó sus ahorros para comprar las primeras 50 gallinas ponedoras. Las instaló en un pequeño rancho ubicado en su casa. Poco después diseñó el espacio donde desarrollaría la producción.

El inicio del proyecto le generó una gran satisfacción cuando las primeras aves comenzaron a poner huevos. Sin embargo, también enfrentó dificultades desde los primeros meses.
El productor reconoce que la competencia con los huevos importados de bajo precio representa uno de los principales retos para el negocio. A pesar de esa situación, mantiene la producción y continúa con el crecimiento de la empresa.
A mediados de octubre del año pasado recibió más de 1.400 gallinas ponedoras y un gallo. Meses después, a finales de febrero, trasladó toda la operación a la finca donde trabaja actualmente.
Durante ese proceso enfrentó uno de los momentos más complicados del proyecto. Las aves ingresaron por primera vez al nuevo galpón y no estaban acostumbradas a la oscuridad total. Esa situación provocó que varias se amontonaran y murieran alrededor de 10 gallinas.
El emprendimiento también implicó sacrificios personales. Javier José practicaba ciclismo competitivo y, según relata, obtuvo buenos resultados en esa disciplina. No obstante, decidió abandonar ese deporte para dedicar todo su tiempo al negocio.
La rutina diaria también redujo el tiempo disponible para compartir con su familia. En muchas ocasiones permanece en la finca mientras sus familiares realizan otras actividades, ya que debe supervisar constantemente el estado de las aves.
A pesar de las dificultades, nunca contempló abandonar el proyecto. Explica que su principal motivación consiste en cumplir el sueño que tenía desde niño de construir un negocio propio y hacerlo crecer.

Actualmente todavía no logra comercializar la totalidad de los 1.200 huevos que produce cada día. No obstante, mantiene una visión optimista sobre el futuro del emprendimiento.
Entre sus objetivos figura ampliar el reconocimiento de la marca, vender los huevos directamente a los hogares, establecer un punto de venta ambulante y ampliar su actividad agrícola con nuevos proyectos.
La jornada de trabajo comienza todos los días a las 6 a. m. Desde esa hora inicia el cuidado de las 1.400 gallinas, una rutina que considera indispensable para garantizar el bienestar de las aves y mantener la producción diaria.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.