
Durante décadas, el maracaná lomo rojo desapareció de los cielos argentinos. Hoy, el nacimiento de un pichón y la llegada de nuevos ejemplares rescatados alimentan la esperanza de que este guacamayo vuelva a ocupar el lugar que perdió en la selva misionera.
Hasta mediados del siglo XX, el maracaná lomo rojo (Primolius maracana) era una especie habitual en la Selva Misionera. Este loro, de entre 36 y 43 centímetros de longitud, destaca por su plumaje verde, las manchas rojas en la frente, el lomo y el vientre, además del azul intenso de las alas y la cola. Birds of the World, una de las principales bases de datos científicas sobre aves, también identifica su iris amarillo como uno de los rasgos que permite distinguirlo de especies similares.
Su desaparición no ocurrió de un día para otro. La organización Aves Argentinas atribuye el declive a una combinación de amenazas que terminó por borrar a la especie del país: la tala de árboles de gran porte donde anidaba, el tráfico ilegal para convertirla en mascota y la persecución directa por parte de personas. Sin registros de ejemplares silvestres desde hace más de dos décadas, Argentina la clasifica como “En Peligro Crítico” y la considera virtualmente extinta.
Paradójicamente, el panorama cambia al cruzar las fronteras. Mientras Argentina intenta recuperar la especie, el maracaná lomo rojo mantiene poblaciones en Brasil y Paraguay. Por esa razón, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo cataloga como “Casi amenazado” a nivel global, una diferencia que refleja cómo una especie puede desaparecer de un territorio sin extinguirse en el resto de su distribución.
La posibilidad de traerlo de vuelta comenzó mucho antes de construir recintos o trasladar aves. La Reunión Argentina de Ornitología documenta que el proyecto inició con estudios para determinar si la especie todavía tenía condiciones para sobrevivir en Misiones. Los investigadores analizaron tanto la disponibilidad de hábitat como la convivencia con las comunidades locales, siguiendo las directrices internacionales de la UICN para programas de reintroducción.
Los resultados fueron alentadores. La Península de Andresito, donde se desarrolla el proyecto, basa gran parte de su economía en el cultivo de yerba mate, además de cítricos, mandioca y maíz, productos que no forman parte de la dieta del maracaná lomo rojo. Esa evaluación redujo la posibilidad de futuros conflictos entre agricultores y aves, uno de los factores que suele determinar el éxito o el fracaso de este tipo de iniciativas.
El escenario elegido fue la Reserva Ecológica El Puente Verde, una reserva de 183 hectáreas ubicada a unos 70 kilómetros de las Cataratas del Iguazú. Allí sobreviven bosques de alto valor ecológico que albergan unas 240 especies de aves, 28 especies de mamíferos y animales emblemáticos como el yaguareté.
En ese sitio también se construyó una estructura poco común. Cuando fue inaugurada, el diario argentino La Nación la describió como un enorme recinto de vuelo de 20 metros de largo y más de seis metros de altura.
No se trata únicamente de una jaula: el espacio fue diseñado para que las aves recuperen musculatura, aprendan a recorrer largas distancias y se alimenten exclusivamente de frutos y flores nativas del Bosque Atlántico. Incluso incorpora un área especial para revisiones veterinarias que reduce al mínimo el contacto con las personas, con el objetivo de preservar comportamientos propios de animales silvestres.
Los esfuerzos comenzaron a mostrar resultados a finales de 2025. Aves Argentinas anunció entonces el nacimiento del primer pichón de maracaná lomo rojo registrado en décadas en Misiones, un acontecimiento que confirmó que los ejemplares bajo cuidado humano no solo sobrevivían, sino que también podían reproducirse como parte del futuro plantel destinado a reforzar la población silvestre.
El proyecto siguió creciendo este año con la incorporación de un nuevo ejemplar adulto rescatado del mascotismo ilegal. Antes de viajar a Misiones, el ave permaneció bajo observación en el Parque de la Biodiversidad de Córdoba.
El Gobierno de Córdoba informó que los veterinarios descartaron psitacosis, trataron una inflamación en una de sus alas y realizaron análisis clínicos para comprobar que el cautiverio no hubiera comprometido su estado de salud. Solo después recibió la autorización para ser trasladado al refugio Güirá Oga, donde completará una última evaluación antes de incorporarse al grupo que se entrena para vivir nuevamente en libertad.
El objetivo final todavía está varios pasos adelante. Los ejemplares deben fortalecer sus capacidades de vuelo, aprender a alimentarse por sí mismos y mantener la menor dependencia posible de los humanos antes de ser liberados. Sin embargo, los primeros nacimientos, el rescate de nuevas aves y la consolidación del plantel fundador muestran que el regreso del maracaná lomo rojo dejó de ser una posibilidad teórica para convertirse en un proceso en marcha.
