Madrid y Washington. DPA y AFP Los cometas son asteroides formados de hielo, roca y gases.
Estos astros son los restos que quedaron luego de que se formaran el Sol y los planetas hace unos 4.600 millones de años.
Por su antigüedad, estos cuerpos celestes encierran información capaz de responder a una gran cantidad de preguntas sobre el origen del sistema solar.
El Tempel 1 , descubierto en 1867, forma parte de los cometas más cercanos a la Tierra, que pasan frecuentemente o al menos cada 20 años cerca del Sol.
Estos astros están agrupados en el cinturón de Kuiper, situado entre 5.000 millones y 16.000 millones de kilómetros del Sol.
La mayoría de los cometas gravitan en órbitas muy elípticas, y unos 1.000 millones de ellos están concentrados en los confines del sistema solar, en la nube de Oort, fría región del espacio a distancias de entre 80 y 200 veces la que existe entre la Tierra y el Sol.
Halo misterioso. La aparición de un cometa precedió el asesinato de Julio César, mientras, siglos más tarde, el cometa Halley fue culpado en Inglaterra de una epidemia de peste negra y, en Suiza, de terremotos y del nacimiento de animales con dos cabezas.
Fue precisamente el astrónomo inglés Edmond Halley quien acabó con siglos de incertidumbre al descubrir que el cometa que hoy lleva su nombre seguía una órbita elíptica de unos 75 años en torno al Sol, logrando predecir, por primera vez con exactitud, su aparición en 1758-1759.
Desde entonces, la ciencia ha determinado que los cometas van y vienen a intervalos regulares de 3 a 200 años, mientras otros no regresan sino en varios miles de años.
Tras el núcleo de un cometa sigue la cola, que puede tener de uno a diez kilómetros de diámetro y es una nube de polvo y hielo que se hace visible al iluminarse por el calor del Sol.