
Un grupo de científicos de la Universidad de Rochester, en Estados Unidos, desarrolló un proceso que permite que tubos de metal común no se hundan, incluso tras largos periodos bajo el agua o con daños severos. El hallazgo se publicó el martes 27 en la revista Advanced Functional Materials y abrió nuevas posibilidades para la seguridad marítima y la generación de energía.
La investigación se centró en tubos fabricados principalmente de aluminio. Estos materiales conservaron la flotabilidad sin importar el tiempo de inmersión ni la magnitud de los impactos sufridos.
Cómo funcionan los tubos inafundables
El equipo científico creó micro y nanoporos en la superficie de los tubos. Esta modificación volvió el material superhidrofóbico. Al entrar en contacto con el agua, la superficie atrapó una burbuja de aire estable en el interior del tubo. Esa burbuja evitó que el agua lo llenara y provocara el hundimiento.
El mecanismo se inspiró en la naturaleza. Algunas especies, como las arañas buceadoras, mantienen burbujas de aire para conservar la flotabilidad bajo el agua. Las formigas-de-fogo también presentan un comportamiento similar cuando forman balsas con sus cuerpos hidrofóbicos.
Los investigadores evaluaron qué ocurría cuando los tubos quedaban completamente sumergidos. Para resolver ese escenario, el diseño incorporó una divisoria interna. Esta estructura permitió que la burbuja de aire permaneciera atrapada, aun cuando el tubo se empujó de forma vertical bajo el agua.
Las pruebas demostraron que la flotabilidad se mantuvo incluso en condiciones extremas.
Avances frente a diseños anteriores
El desarrollo no partió de cero. En 2019, el mismo equipo presentó discos superhidrofóbicos con capacidad de flotar. Sin embargo, esos modelos perdían estabilidad al girar en ángulos extremos.
El nuevo diseño en forma de tubo mostró mayor resistencia en aguas turbulentas, como las marinas. Las pruebas se realizaron durante varias semanas en ambientes hostiles. Los resultados no evidenciaron degradación en la flotabilidad. Incluso con perforaciones grandes o daños severos, los tubos continuaron flotando.

Aplicaciones más allá de la navegación
El potencial de esta tecnología no se limitó a evitar naufragios. Los investigadores probaron unir múltiples tubos para crear jangadas flotantes. Estas estructuras funcionaron como bases para navíos, boyas y plataformas flotantes.
En laboratorio, las jangadas alcanzaron casi medio metro de longitud. Los experimentos demostraron que el diseño se adaptó con facilidad a distintas necesidades, según el tamaño de los tubos y la carga soportada.
Otra aplicación destacada se relacionó con la energía renovable. Las jangadas construidas con estos tubos captaron el movimiento de las ondas del agua. Ese movimiento se transformó en electricidad, lo que posicionó la tecnología como una opción prometedora para la generación energética.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
