
Un avión capaz de despegar desde la superficie del mar y acuatizar -en un espectacular clavado a 45 metros bajo el agua- se construye actualmente en Estados Unidos.
El aparato se llama Cormorán, en alusión a un ave marina. Para elevarse, utilizará un potente motor de propulsión sólido como los que emplean hoy las naves espaciales.
En estos motores la combustión se logra mediante dos sustancias: poliuretano y perclorato de amonio.
Los expertos revelan que el avión pesará cuatro toneladas. Por fuera, la nave estará hecha de titanio para resistir la corrosión y por dentro será de espuma plástica, para que aguante la presión del agua.
El resto de la estructura estará presurizada con gas inerte.
La fabricación ya empezó y está en manos de Lockheed Martin, empresa estadounidense muy reconocida por la manufactura de motores de aviones y naves espaciales.
En detalle. El avión es un aparato robótico sin tripulación y su construcción es con fines militares.
La aeronave está pensada para fungir como complemento de los submarinos clase Ohio.
Dentro de los tubos lanzamisiles de esos submarinos estará ubicado el avión, con sus alas dobladas como una gaviota.
Para llegar a la superficie, la nueva aeronave saldrá de ese tubo, extenderá sus alas y será elevada hacia la superficie del mar, desde donde podrá despegar gracias a su mecanismo de propulsión.
Usos militares. Según explican sus constructores, Cormorán deberá ser un avión invisible a los radares, lo que permitiría utilizarlo para la destrucción de objetivos cercanos desde el mar (en las costas). También se podrá utilizar para ejecutar espionaje teledirigido.
El Cormorán estará dotado de armamento bélico de corto alcance, así como de sofisticados equipos de observación y vigilancia.
Principales retos. El equipo científico coincide en que la fabricación del Cormorán no será una tarea sencilla, por varias razones.
Primero, tendrá que caber en los tubos de los lanzamisiles, que miden dos metros de diámetro (por eso las alas plegables).
Otro aspecto importante es el peso, pues el avión debe ser lo suficientemente fuerte y pesado como para aguantar la presión del agua a 45 metros de profundidad, pero al mismo tiempo ser liviano para poder volar.
El tercer elemento es el retorno de la aeronave al submarino, puesto que las posiciones geográficas de los sumergibles deben permanecer desconocidas para los enemigos. Un error podría delatar la ubicación de una misión submarina.
Como precaución, la Agencia DARPA, del Departamento de Defensa estadounidense, estará realizando todo este año algunas pruebas con los sistemas que incorporará el Cormorán.