
Para quienes durante la década de los setenta le siguieron el pulso a la realidad centroamericana, Clodomir Santos de Morais no necesita presentación.
Su nombre les hace evocar de inmediato miles de empresas de autogestión que salvaron de la miseria a cientos de ticos y miles de hondureños que las compañías bananeras habían dejado sin trabajo.
Esta semana, más de 30 años después de que su hazaña se materializara, Santos de Morais, brasileño, sociólogo, obrero y abogado, volvió a la región. El lunes la Facultad Centroamericana de Ciencias Sociales le rindió un homenaje y anunció su nominación al Premio Right Livelihood, que otorga anualmente el Parlamento Sueco y desde 1990 se considera como un Nobel Alternativo.
Los méritos de Santos de Morais acuerpan la idea: él promulgó un sistema de capacitación masiva y alfabetización empresarial mediante el cual los marginales lograron superar la miseria; un método que se centra en la generación de recursos partiendo del trabajo grupal y los intereses comunes.
“El dinero de ningún banco es capaz de atender la voracidad que tiene el que pide ayuda. El que da dinero, da dinero inútilmente. La única forma para que las personas de escasos recursos salgan de su marginalidad es que trabajen organizadamente”, razona este sociólogo, que tiene poco de teórico.
Él prefiere reunir a la gente y ponerla en acción, dejar que sean los necesitados quienes definan la manera de satisfacer sus carencias y administren los instrumentos y el saber que les ofrecen quienes acuden en su ayuda.
La clave. “Uno para todos y todos para uno”, es la clave de esta metodología. En cada uno de los laboratorios organizativos que Santos de Morais dirigió, tanto en Centroamérica como en Suramérica y en África, se forjaron comunidades de autogestión que, a diferencia de otros modelos cooperativos existentes, no pueden contratar mano de obra externa: “Todos los que trabajan comparten ganancias en igual porcentaje”, explica.
Actualmente muchas de las asociaciones fundadas por Santos de Morais siguen vigentes y generan ganancias. Algunas de las más exitosas están en nuestra región: en Honduras funcionan más de 1.000 empresas en las que los trabajadores son los dueños. Hondupalma y Coopalma manejan más de 50.000 hectáreas, dedicadas en su mayoría a la producción de aceite de palma.
En Costa Rica funcionan hace más de 30 años Coopesilencio, Coopesa y Coopevaquita, entre otras.