
Ottawa. AP y AFP La temporada de caza de focas en Canadá comenzó esta semana, en medio de protestas de los grupos defensores de los derechos de los animales y un esfuerzo mundial para prohibir la importación de productos hechos a partir de focas.
El vocero del Departamento de Pesquería y Océanos Phil Jenkins dijo que unas 20 embarcaciones de caza de focas salieron el lunes hacia los témpanos de hielo, al tiempo que está en marcha también la caza en tierra.
El total permitido este año ha sido fijado en 280.000 focas de Groelandia, 5.000 más que el año pasado.
Los activistas por los derechos de los animales dicen que la caza de focas es cruel, difícil de monitorear, causa estragos en esa población y ni siquiera se justifica económicamente porque no rinde buenas ganancias.
Los cazadores y el Departamento de Pesquerías defienden la caza como sostenible, humana y bien administrada y dicen que provee ingresos suplementarios a comunidades pesqueras aisladas que han sido afectadas por la reducción en las reservas de bacalao.
El Departamento estima que la población de focas arpa es de 5,6 millones, comparados con 1,8 en la década de 1970, y dice que la población se recuperó una vez que el Gobierno canadiense estableció controles sobre la caza.
El inicio de la temporada se produce tres semanas después de que un comité del Parlamento Europeo respaldó un proyecto de ley para prohibir la importación de productos de foca por parte de la Unión Europea. La decisión también se produjo pese a intensos cabildeos de políticos canadienses.
Con el objetivo de solventar la situación, el 1.° de abril, día en que el Parlamento Europeo se pronunciará sobre los productos derivados de las focas, la senadora Céline Hervieux-Payette presentará en el Senado canadiense un código ético mundial para caza de focas. Rusia, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Noruega e Islandia estarían de acuerdo en apoyarlo, dijo Hervieux-Payette.