
Durante la mayor parte de su vida adulta, Katherine Sanders tuvo lo que ella denomina una carrera típica para alguien con trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Después de terminar su tesis doctoral sobre la mitología siria de la Edad de Bronce, pasó por varios trabajos sin relación entre sí.
La vida se le complicó cuando se encontró compaginando un trabajo a tiempo parcial con el cuidado de una niña de cinco años muy vivaz.
Finalmente, decidió trabajar con un coach para que la ayudara a lidiar con su trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), una condición molesta cuyos síntomas característicos son la distracción, el olvido, la inquietud y la impulsividad.
Empezó inscribiéndose en un curso digital llamado “Your ADHD Brain is A-OK” (Tu cerebro con TDAH está bien). Como la mayoría de los coaches de TDAH, Tracy Otsuka, la creadora del curso, también ha sido diagnosticada con este trastorno.
Otsuka, que vive al norte de California, dice que se centra en ayudar a sus clientes a deshacerse de la vergüenza como paso previo para encontrar su propósito y vivir una vida más plena.
Los participantes en el curso, que se puede seguir a su propio ritmo, ven 26 vídeos y rellenan hojas de trabajo diseñadas para identificar sus valores y fortalezas.
Dos años más tarde, armada con la formación y las credenciales de la ADD Coach Academy (ADDCA), Sanders se incorporó a un campo que ha experimentado un auge espectacular a medida que se han multiplicado los diagnósticos de TDAH.
El coaching para el TDAH es un nicho en rápido crecimiento dentro de una industria de coaching mucho más amplia y heterogénea, en su mayor parte sin licencia y sin regular.
También es uno de los ámbitos menos estudiados en un sector que, en general, está poco investigado y para el que hay pocas pruebas de eficacia.
En teoría, el coaching podría ser útil para las personas con TDAH como parte de un conjunto de herramientas que podría incluir medicación y terapia, afirma el psicólogo clínico e investigador Stephen Faraone, presidente de la Federación Mundial de TDAH.
El origen del coaching para mejorar el rendimiento mental y emocional se remonta al menos a 1974, cuando el exentrenador de tenis Tim Gallwey escribió The Inner Game of Tennis (El juego interior del tenis), en el que ofrecía técnicas para contrarrestar la ansiedad que puede sabotear el rendimiento deportivo.
El coaching para el TDAH llegó más tarde, impulsado en los años noventa por defensores como Nancy Ratey, Sue Sussman y Madelyn Griffith-Haynie. Sin embargo, no fue hasta la pandemia de la Covid-19 cuando una confluencia de factores —entre ellos, el aumento de todo tipo de problemas de salud mental y el autodiagnóstico a través de TikTok— provocó un crecimiento explosivo a nivel mundial del coaching para el TDAH y del coaching en general.
Hoy en día, los ingresos anuales de todo tipo de coaching han alcanzado los $5.340 millones, según la Federación Internacional de Coaching.
El número de coaches autodenominados ha aumentado un 15 % desde 2023, hasta alcanzar 122.974, según informó la federación en 2025.

¿Y el coaching para el TDAH?
Con aproximadamente 7 millones de niños y 15,5 millones de adultos diagnosticados con esta afección en Estados Unidos, y más casos diagnosticados continuamente, los coaches de TDAH tienen muchas perspectivas, especialmente teniendo en cuenta los inconvenientes de los tratamientos establecidos.
La medicación puede controlar los síntomas, pero tiene efectos secundarios y no funciona para todo el mundo. Los psicoterapeutas titulados son caros y a menudo difíciles de encontrar, mientras que la falta de requisitos para obtener la licencia estatal significa que los coaches pueden ejercer, a distancia, desde cualquier lugar.
“Cobran una media de $150 por hora (y algunos cobran más de $500 por hora)”, afirma Sibley. “Esto es similar a las tarifas de reembolso de los psicólogos por terapia de salud mental.
Sibley y sus colegas, que encuestaron a 481 coaches de TDAH para el informe de JAMA Network Open, descubrieron que el 89% no tenía formación profesional en salud mental. Solo alrededor del 63% había completado un plan de estudios avalado por la Organización de Coaches de TDAH.
La encuesta reveló similitudes en las estrategias de los coaches. Más del 90% afirmó que entrenaba a sus clientes en habilidades de función ejecutiva, que incluyen estrategias de planificación, control de impulsos y automotivación.
A pesar de su relativa falta de formación en salud mental, aproximadamente la mitad de los coaches afirmaron que también abordaban el consumo de sustancias o las adicciones y los traumas, y aproximadamente el 42% afirmó que trataban “el suicidio, el abuso y/o el daño a uno mismo o a otros”.
Esto conlleva riesgos especiales, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de los adultos con TDAH también cumplen los criterios de al menos otro trastorno psiquiátrico, como la ansiedad, la depresión o el consumo de sustancias. Estas complicaciones pueden producir tanto más angustia como una mayor susceptibilidad a las promesas de un alivio rápido.
Cerca del 80% de los encuestados afirmó que derivaría a los clientes a un profesional de la salud mental para obtener un diagnóstico formal.
Los científicos y los propios coaches han pedido que se examine con mayor rigor qué es lo que hace que el coaching sea eficaz.
¿En qué se diferencian las habilidades de entrevista y escucha activa que los coaches dicen practicar de lo que podría ofrecer un amigo cercano y atento?
Esa pregunta es clave, porque a pesar de las sólidas investigaciones que relacionan la conexión social con una mejor salud mental, el 17% de los estadounidenses afirma hoy en día no tener amigos íntimos.
Este artículo apareció originalmente en Knowable en Español, una publicación sin ánimo de lucro dedicada a poner el conocimiento científico al alcance de todos. Suscríbase al boletín de Knowable en Español.