Del muro que dividió a los alemanes entre 1961 y 1989 solo queda en pie un tramo de 1,3 kilómetros, en el que descuellan 106 obras de arte como símbolo de la paz y la unión entre los pueblos.
A 20 años de la caída del Muro de Berlín, la llamada East Side Gallery se yergue como la más espectacular exposición de arte al aire libre de la ciudad, luego de un proyecto de restauración de todas las obras que fueron pintadas originalmente en 1989.
Y es que, meses después de aquel histórico 9 de noviembre, un grupo de artistas de diferentes procedencias se dio a la tarea de traducir en imágenes sus consignas con respecto a la nueva era en la que entraba Alemania, ahora libre de la división ideológica.
Ícono berlinés. Los 1.300 metros de concreto que sirven de lienzo para las obras de arte estuvieron ubicados en el antiguo Berlín oriental y pasaron de ser una pared de concreto gris y desolada a un escaparate de colores, formas y mensajes de paz.
Pero el peso de 20 años, la acción del clima, la contaminación y el vandalismo hicieron necesaria una restauración en la que participaron la mayoría de los 118 artistas del grupo inicial.
Una de las obras más llamativas es Beso fraterno , del artista ruso Dimitri Vrubel, quien no tuvo reparo en representar un muy apasionado beso entre el exlíder comunista Leonid Breznev y el exjefe de Estado de la extinta República Democrática Alemana, Erich Honecker.
En una entrevista concedida a la agencia EFE, Vrubel negó que la imagen –inspirada en una fotografía tomada en Berlín en 1979– sea un elogio del comunismo. “Muestra el tú y el yo, a Europa y Rusia separadas por una línea y, al mismo tiempo, juntas”, explicó Vrubel.
Entre el colectivo de artistas que restauró las pinturas y grafitis del East Side Gallery figuran algunos creadores iberoamericanos como el español Ignasi Blanch, el chileno César Olhagaray y los cubanos Rodolfo Ricalo y Teresa Casanueva.
La obra de Casanueva representa formas orgánicas que parten de la naturaleza y recuerdan plantas o cuerpos humanos.
“Las figuras están en un espacio limitado, que es el Muro, y dan la ilusión de extenderse y traspasarlo para conquistar un espacio que les pertenece. Dentro de este lenguaje abstracto es fácil descubrir formas que recuerdan a una rosa, con todo su simbolismo de belleza, suavidad y capacidad de defenderse.
“Todavía hoy, hay cuerpos en el mundo que no han conquistado su espacio traspasando muros”, manifestó la artista ante una consulta de La Nación .
El artista iraní Kani Alavi, presidente de la Asociación de Artistas de East Side Gallery, declaró a la agencia AP que el proyecto fue posible gracias a una inversió n de $3,7 millones donados por entidades municipales, estatales y federales.
“Pensamos que era realmente importante recrear las pinturas, pues ahora hay toda una nueva generación que ya no recuerda el Muro de Berlín original y los acontecimientos históricos que llevaron a la reunificación de Alemania”, dijo Alavi, quien restauró su propio mural de alemanes orientales cruzando por primera vez el Muro la noche en que se abrió la frontera.