Andrea Solano B.. 19 julio, 2016

Durante 157 años, una víbora de la cordillera de Talamanca, vivió con una identidad equivocada y fue confundida con una “pariente” muy cercana.

Un equipo de científicos de Estados Unidos y Costa Rica logró describir una nueva especie de serpiente venenosa que llamaron Bothriechis nubestris , la cual se creía era Bothriechis nigroviridis popularmente conocida como ‘lorilla pintada’ y que fue descrita científicamente en 1859 por Wilhelm Peters.

B. nubestris es una especie críptica, es decir, sus características morfológicas ( físicas) son muy similares a las de otra especie, pero presenta grandes diferencias genéticas. Esto significa que siguió su propia trayectoria evolutiva de manera independiente”, explicó a La Nación el biólogo Mahmood Sasa , investigador del Instituto Clodomiro Picado de la Universidad de Costa Rica y de la Organización de Estudios Tropicales (OET).

Así, la nueva especie pasó desapercibida incluso para los ojos más entrenados, pues a simple vista es idéntica a su “familiar”.

Similares, no iguales. El patrón de coloración, es muy parecido en ambas serpientes: manchas verdes y negras.

Sin embargo, los científicos prestan mayor atención al tipo de escamas y a la cantidad de ellas, lo que se conoce como lepidosis.

B. nubestris se diferencia de B. nigroviridis porque tiene un mayor número de escamas ventrales (en el vientre). También presenta dos hileras de escamas irregulares bajo los ojos”, declaró a este medio Christian Parkinson , profesor del Departamento de Biología de la Universidad Central de Florida, Estados Unidos.

La B. nubestris lleva ese nombre debido a su origen en los bosques nubosos de la cordillera de Talamanca. “Es una especie bastante rara y habita en zonas muy altas, entre los 2.400 y los 3.000 metros de altura. Son delgadas, alargadas y de tamaño mediano, generalmente miden menos de 60 centímetros”, reveló Parkinson.

El equipo todavía debe realizar más investigaciones sobre el tipo de veneno.

Sasa detalló que ambas especies pertenecen al género Bothriechis el cual agrupa a varias víboras venenosas que se distribuyen desde México y Centroamérica hasta Perú.

“Se caracterizan por ser estilizadas, muy ágiles y con una cola prensil que les permite soportar su cuerpo mientras pasa de rama en rama . Tienen un patrón de colores apto para el camuflaje”, dijo Sasa.

La especie habita en los bosques nubosos de la cordillera de Talamanca entre los 2.400 y 3.000 metros de altura. Viven en las ramas de árboles y arbustos.
La especie habita en los bosques nubosos de la cordillera de Talamanca entre los 2.400 y 3.000 metros de altura. Viven en las ramas de árboles y arbustos.

Más que apariencias. Tanto Sasa como Parkinson afirman que las diferencias entre ambas víboras se notan claramente en el material genético. Según explicó Parkinson, se extrajo ADN de muestras tejidos pertenecientes a ambas especies.

“A partir de este ADN secuenciamos varios genes de ambos reptiles y comparamos estas secuencias por medio de métodos filogenéticos que revelaron una profunda divergencia entre ambas especies”, declaró. La filogenética es la rama de la biología evolutiva que estudia el parentesco entre especies.

“Se observan diferencias no solo en el ADN mitocondrial (el que se hereda por línea materna). sino también en el ADN nuclear (el que está presente en el núcleo de la célula)”, agregó Sasa.

El biólogo costarricense destacó que la evolución de ciertos organismos es más compleja de lo que se suponía.

B. nigroviridis está compuesto de dos linajes profundamente divergentes, uno con un área de distribución restringida en el norte y centro de la cordillera de Talamanca y el otro que va a través de las cordilleras Central, Tilarán y Talamanca”, agregó.

Para indentificar los rasgos morofológicos, se compararon distintos especímenes preservados en la colección del Museo de Zooología de la UCR, el Centro de Investigación de Anfibios y Reptiles de la Universidad de Texas, en Arlington,entre otras instituciones. Además, se analizaron especímenes recolectados en el campo. El artículo científico se publicó en la revista Zootaxa .