Los manatíes solían mover su voluminoso cuerpo de 3,5 metros de largo y hasta 1.000 kilogramos de peso en las aguas de los canales de Tortuguero, Limón.
Pero, al parecer, estos mamíferos acuáticos de apariencia extraña se han desplazado hacia el norte y hacia el sur de su espacio habitual, según un estudio realizado en el marco del Proyecto Consolidación de Áreas Marinas Protegidas.
Esta es una iniciativa del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), en conjunto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés).
La especie presente en Costa Rica es la Trichechus manatus , conocida como manatí antillano. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), es una especie vulnerable.

De acuerdo con los biólogos Damián Martínez, coordinador nacional del Proyecto Consolidación de Áreas Marinas Protegidas, y Carlos Espinoza, de la Fundación Trichechus, la tasa de reproducción de los manatíes es muy baja, por lo que durante las décadas de los cincuenta y sesenta la caza indiscriminada afectó a sus poblaciones en el Caribe noreste de Costa Rica.
“Actualmente esta especie está amenazada por varios factores, entre ellos la contaminación de su hábitat, cambios en el uso del suelo, y accidentes causados por los motores de los botes”, dijo Martínez.
Por todas estas razones, el manatí se convirtió en una especie muy rara de ver, a lo que se une su comportamiento, pues es un animal bastante tímido y esquivo. El hábitat favorito de estos animales son los cuerpos de agua dulce con abundante vegetación acuática, preferiblemente cercanas a áreas costeras.
Según Martínez, la investigación se basa en muestreos hechos en los canales del Refugio Nacional de Vida Silvestre Barra del Colorado (Limón) y en el área marina frente a dicho refugio, hasta los 20 kilómetros mar adentro, y en entrevistas realizadas a lugareños.
En el Caribe sur la zona de investigación abarcó un área desde Puerto Viejo de Talamanca hasta la desembocadura del río Sixaola.
El biólogo detalló que varios pescadores, habitantes de esas zonas así como guías turísticos, reportaron avistamientos de estos animales en las lagunas Garza, Yaki, Agua Dulce y Pereira, sitas al norte del río Colorado, así como en las lagunas Cahue, Danto y Samay, al sur del Colorado.
Los científicos también hallaron otras pistas que delataron a estos gigantescos herbívoros que pueden consumir entre un 10% y un 15% de su peso corporal en vegetación al día. “Los manatíes se alimentan de pastos acuáticos, emergentes, flotantes y sumergidos y encontramos varios sitios de comederos. Esto quiere decir que hallamos plantas mordisqueadas, lo que nos indica su presencia”, declaró el biólogo.
Entre esas plantas destacan el zacate pará (Urochloa mutica) y el gamalote (Paspalum repens). T ambién dieron con comederos en el Caribe sur, en especial frente a la laguna de Gandoca y en la cuenca baja del Sixaola. Es necesario hacer más estudios para comprender las razones de este desplazamiento.
“Ahora se ha logrado comprobar que el área de distribución del manatí es mayor a la que se creía y la información disponible nos permite concluir que las llanuras del Tortuguero no son los únicos lugares de alta presencia”.