Monserrath Vargas L.. 14 octubre
Estudiantes de la escuela de Química trabajan en la elaboración de detergente en polvo con cáscaras de huevo. En la imagen: cáscaras de huevo pulverizadas Fotografía: Agencia Ojo por Ojo
Estudiantes de la escuela de Química trabajan en la elaboración de detergente en polvo con cáscaras de huevo. En la imagen: cáscaras de huevo pulverizadas Fotografía: Agencia Ojo por Ojo

Las cáscaras de huevo que de otra forma irían a dar al basurero de las sodas de la Universidad de Costa Rica (UCR), fueron aprovechadas por un grupo de 27 estudiantes de la Escuela de Química para crear detergente; sí: detergente.

La idea surgió en el curso Procesos Industriales (Prodin: Producción, Desarrollo e Innovación), el cual consiste en una simulación empresarial. El producto desarrollado ya ha sido utilizado por los conserjes de la misma Escuela.

Los jóvenes decidieron utilizar ese ingrediente tan particular porque la cáscara de huevo pulverizada no se disuelve en agua, y esa es justamente la característica que le permite funcionar como abrasivo y facilitar que la suciedad salga de las telas, explicó Josué Valladares, encargado de producción.

Además, según los responsables, este producto es amigable con el ambiente, pues en lugar de desechar la cáscara se le da un uso práctico.

Los alumnos se dividieron en tres turnos, dos los días martes y uno el viernes, para asegurarse de que saliera adelante la producción del detergente en polvo –que es el que incorpora las cáscaras de huevo– y otro en presentación líquida, suave con las manos de quien lo utiliza. Al producto lo llamaron Proneat.

Valladares reconoció que inicialmente fue un reto el que les plantearon los profesores Javier Quesada y Darío Chinchilla, pues no contaban con equipos sofisticados para crear detergentes.

Es por eso que, según Natalia Aguilar, coordinadora de turno, esta ha sido “una experiencia artesanal, pero con un sello bonito de todos metiendo la mano para hacer el producto; todo el mundo le ha puesto mucho corazón”.

Los universitarios procuraron enfocarse en las necesidades de los potenciales beneficiados. Por ejemplo, que no irritara las manos; que no hiciera mucha espuma, para evitar el gasto excesivo de agua, y que blanqueara, detalló Valladares.

La elaboración de este detergente a base de cáscaras de huevo permitió que profesores, alumnos y conserjes se convirtieran en una gran comunidad. Fotografía: Agencia Ojo por Ojo
La elaboración de este detergente a base de cáscaras de huevo permitió que profesores, alumnos y conserjes se convirtieran en una gran comunidad. Fotografía: Agencia Ojo por Ojo
Paso a paso

El proceso para desarrollar el detergente empezó con la recolección de las cáscaras de huevo en las sodas de la U.

Posteriormente, se lavaron bien, “porque los residuos del huevo pueden provocar salmonela. Lo que hacemos es que las hervimos y lavamos con hipoclorito de sodio, luego las trituramos hasta llegar a un tamaño de partícula muy pequeño, pues la idea es que no sea perceptible en el detergente”, aclaró Valladares.

Asimismo, debieron trabajar en el tensoactivo, el ingrediente que da la propiedad de eliminar la grasa y suciedad de las prendas. Para el detergente sólido, este se genera de la reacción entre un ácido y el hidróxido de sodio.

De lo anterior se genera una pasta, que se seca en estufas industriales. Luego, se mezcla con otros componentes como bicarbonato de sodio, carbonato de sodio y metasilicato de sodio, los cuales aportan propiedades adicionales.

Finalmente, se pulveriza y se tamiza para que quede una mezcla más homogénea, y se agrega la cáscara de huevo.

También, los muchachos realizaron un detergente líquido, que usarán los conserjes de la Escuela.

En total, produjeron 78 kilogramos (kg) de líquido y 100 kg del detergente en polvo.

Los jóvenes se ocuparon de todo el proceso y echaron mano de su creatividad para hacer el detergente con las herramientas que tenían a mano, pero utilizando sus conocimientos en química. Fotografía: Agencia Ojo por Ojo.
Los jóvenes se ocuparon de todo el proceso y echaron mano de su creatividad para hacer el detergente con las herramientas que tenían a mano, pero utilizando sus conocimientos en química. Fotografía: Agencia Ojo por Ojo.
Resultados

María Vargas trabaja en el área de limpieza de la Escuela de Química hace casi 10 años y contó que la experiencia con los productos desarrollados por los jóvenes ha sido “bastante buena. El detergente en polvo saca la mugre muy rápidamente y, además, no reseca las manos”.

Para ella, este última característica hace al producto distinguirse de otros.

“Estamos muy contentos porque nos invitaron al lanzamiento, el jueves 17 de octubre. Nos tomaron en cuenta y preguntaron qué nos parece el aroma, la espuma. Ellos nos han tenido muy pendientes porque somos nosotros los que vamos a usarlo”.

Por su parte, Warner Jiménez coincidió en que el detergente “es muy eficiente”, no solo porque saca de forma más sencilla la suciedad de las mechas para lavar el piso, sino también porque “es gentil con las manos”.

Aprendizaje

El profesor Darío Chinchilla aseguró que en el curso Prodin los muchachos asumen roles, como lo harían en una empresa o en el lugar donde vayan a trabajar cuando salgan de la universidad.

En esta simulación empresarial, ellos aprenden a asociarse de manera diferente a como lo han hecho durante la carrera.

“Acá se ven otro tipo de habilidades y competencias", dijo Chinchilla; incluso, hay roces entre los estudiantes, como se podrían dar en una compañía, y ellos aprenden a solucionarlos. "Yo considero que eso es lo más importante de este ejercicio”, concluyó.

Esta es la cuarta generación de estudiantes que realiza esta dinámica y, según Chinchilla, siempre tratan de ponerles un reto diferente.