Marino Protti, geólogo. 29 enero
El templo católico de Laurel de Corredores sufrió desprendimiento de parte del cielorraso debido al temblor de 6,7 grados del martes 25 de junio. Foto cortesía de Colosal Informa.
El templo católico de Laurel de Corredores sufrió desprendimiento de parte del cielorraso debido al temblor de 6,7 grados del martes 25 de junio. Foto cortesía de Colosal Informa.

Los sismos tectónicos ocurren como producto de un deslizamiento súbito entre dos bloques de roca separados por una falla. Existe gran cantidad de otra clase de sismos que no son tectónicos, por ejemplo erupciones volcánicas, explosiones químicas e impacto de meteoritos, entre otras.

Específicamente, los sismos tectónicos se dividen en dos grandes grupos, los sismos intraplaca y los sismos interplaca, como una forma directa de asociarlos a la tectónica de placas.

Las placas tectónicas son fragmentos de la parte más exterior de la porción sólida de nuestro planeta. Incluyen toda la corteza terrestre (oceánica y continental) y la porción más superior del manto superior.

Esa parte rígida, más externa de la Tierra se denomina litósfera y se encuentra prácticamente “flotando” sobre la astenósfera; es decir, una región del manto superior que se encuentra parcialmente fundida y que puede fluir en el tiempo geológico.

Es precisamente ese movimiento de la astenósfera, inducido por corrientes de convección en el manto, lo que constituye el motor del movimiento de las placas tectónicas.

Como las placas tectónicas se desplazan en diferentes direcciones, ellas pueden llegar a chocar, separarse o rozarse lateralmente.

Esas zonas de contacto, o límites entre placas, generan la mayor cantidad de sismicidad en el planeta. Los sismos a lo largo de esos contactos son los que se denominar sismos interplaca.

En Costa Rica esos sismos interplaca ocurren por subducción, a lo largo del Pacífico Norte, por el contacto entre la placa del Coco y la placa del Caribe; en el Pacífico Sur por el contacto entre la placas del Coco y la placa de Panamá; y en el Pacífico Central en el contacto entre la placa del Coco y una zona de transición entre las placas del Caribe y de Panamá.

Por este proceso de colisión entre placas, en Costa Rica se presentan además sismos interplaca en el Caribe sur, por el cabalgamiento de la placa de Panamá sobre la placa del Caribe.

Por rozamiento lateral, en Costa Rica se presentan sismos interplaca al sur y por debajo de la península de Burica; en ese caso se trata de un sistema de fallas con dirección Norte-Sur que representa el límite o frontera entre la placa del Coco y la placa de Nazca.

Las placas tectónicas en su interior y sobre todo cerca de los límites, están expuestas también a esfuerzos y deformaciones que generan también sismicidad.

Esos sismos que se producen como respuesta de la deformación interna de las placas son los que se denominan sismos intraplaca.

Fuentes de sismicidad intraplaca en Costa Rica existen prácticamente en todo el país y dentro de las cuatro placas tectónicas que nos afectan.

Dentro de la placa del Coco ocurren sismos intraplaca a profundidades desde casi la superficie, hasta a más de 200 km. Los más superficiales ocurren por el doblamiento que experimenta la placa de la placa del Coco para introducirse (subducirse) bajo las placas del Caribe y de Panamá.

Sismos recientes

La actividad sísmica registrada la madrugada y mañana del 21 de enero de 2020 es un ejemplo claro de esta sismicidad intraplaca.

Los sismos intraplaca más profundos son producto de los cambios físicos y químicos a los que se somete la placa del Coco al ingresar al manto terrestre bajo Costa Rica.

Sismos intraplaca dentro de las placas, Caribe y Panamá ocurren todos superficialmente, a menos de 25 km.

Existe una región en la parte central de Costa Rica, desde Limón hasta el Pacífico Central, entre Herradura y Quepos, que marca el límite, principalmente por rozamiento lateral, entre las placas del Caribe y Panamá.

Este límite de placas está en proceso de formación, quizás lleva tan solo algunos cientos de miles de años, y por lo tanto no se ha desarrollado aún como una sola falla, sino que está constituido por una gran cantidad de fallas pequeñas (5 a 10 km de longitud) que no alcanzan, en la mayoría de los casos, profundidades mayores que 15 km.

Es por esta razón que los eventos que se presentan a lo largo de este sistema de fallas, aunque representan un límite insipiente entre placas, los seguimos clasificando como sismos intraplaca, pero que llamarlos interplaca no sería del todo un error.

Marino Protti es miembro de la Academia Nacional de Ciencias. Foto/Anel Kenjekeeva
Marino Protti es miembro de la Academia Nacional de Ciencias. Foto/Anel Kenjekeeva
¿Quién es el científico?

Marino Protti es geólogo, sismólogo y catedrático. Además, forma parte del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica, Universidad Nacional, Heredia. Su interés principal ha sido estudiar los procesos de subducción generadores de grandes terremotos.

Logró que el segmento de subducción de Nicoya fuera escogido como uno de los dos laboratorios mundiales para estudios de sismogeneración. Ahí contribuyó a establecer, desde 1995, una densa red de monitoreo geodinámico con miras a registrar las deformaciones pre-sísmicas, co-sísmicas y post-sísmicas asociadas a un inminente terremoto.

Fue así como el terremoto de Nicoya del 5 de septiembre del 2012 se convirtió en el terremoto de subducción mejor registrado en el mundo hasta esa fecha, por la cercanía de la fuente.

En 1994, Protti bajó a 4.100 m de profundidad en la Trinchera Mesoamericana a bordo del sumergible Alvin. Participó también, en 1996, en las perforaciones del fondo oceánico frente a la península de Nicoya.

Ha realizado investigaciones en el volcán Arenal y, en el 2013 y el 2016, fue parte de sendas expediciones a la Antártica en donde contribuyó a la instalación de estaciones sísmicas, al mantenimiento de la red de GPS para el monitoreo del desplazamiento del glaciar Willams y a la remoción de la instrumentación.