Los monos tití que viven en el Parque Nacional Manuel Antonio y sus alrededores están amenazados por el aislamiento generado por el desarrollo urbano y la deforestación.
Varios especialistas advierten que, si la situación continúa como hasta ahora, estos animales podrían desaparecer en el mediano plazo por su poca capacidad de adaptación y mayor vulnerabilidad a las enfermedades.
La de los monos tití de Manuel Antonio (cuyo nombre científico es Saimiri oerstedii citrinellus ) es una subespecie única en el mundo, que solo se encuentra en esta zona del Pacífico central costarricense.
Visualmente, en comparación con la otra subespecie de monos tití que vive en el Pacífico sur (la Saimiri oerstedii oerstedii ), los de Manuel Antonio son un poco más grandes y tienen una coloración más amarillenta.
Además, los machos tienen el pelaje de la cabeza de color grisáceo y las patillas blancas, mientras las hembras tienen la cabeza y las patillas color negro.
Los tití de la otra subespecie, tanto la hembra como el macho, tienen cabeza y patillas negras.
Se desconoce con exactitud la cantidad de monos tití que viven en la zona de Manuel Antonio, pero se cree que rondan los 1.000.
Las causas. Según Óscar Masís, funcionario del Parque Nacional Manuel Antonio encargado de las investigaciones, el crecimiento urbano ha afectado negativamente a estos primates.
“Existen muchas tropas aisladas, ya no se movilizan por todo el territorio que anteriormente abarcaban”, aseguró Masís.
Originalmente, los tití vivían desde el Parque Nacional Carara, en el noroeste, hasta el río Sierpe, en el sureste.
La especialista de la Universidad Nacional, Grace Wong, explicó que aún existen tropas a lo largo de todo ese territorio, pero cada día es más difícil que se relacionen porque los grupos han quedado aislados en parches de bosque que carecen de comunicación entre sí.
“Las grandes extensiones de palma, los hoteles, las casas, las áreas de pastizales y la deforestación van impidiendo que esas tropas se puedan movilizar como lo hacían antes”, dijo Wong.
El especialista en genética Gustavo Gutiérrez explicó que este aislamiento traerá consecuencias negativas a la especie.
“La resistencia a las enfermedades bajará mucho porque todos van a terminar siendo genéticamente parecidos. Cuando hay mayor variabilidad genética existen más posibilidades de que algunos individuos sobrevivan a una misma enfermedad”, explicó el genetista.
Gutiérrez también señaló que el aislamiento genético afecta la capacidad de adaptación de las especies a nuevos ambientes, así como la vitalidad reproductiva en general.
En el 2006, Mary Blair, de la estadounidense Universidad de Columbia, entregó un informe a los funcionarios de Manuel Antonio en que señala que “el desarrollo del turismo en esta zona ha sido desordenado y descontrolado y ha provocado la deforestación y fragmentación del bosque para construir hoteles y restaurantes ‘ecoturísticos’, es decir, con miradores del bosque y de las playas del parque”.
En ese informe también afirma que aún no existe suficiente información para ver claramente los efectos que este aislamiento produce genéticamente.
Salida. Como respuesta a esta situación, Wong considera indispensable garantizar la conexión de los grupos que habitan en la zona, ya que eso permitiría la reproducción y el intercambio genético de los grupos.
A esto se debe añadir un programa de educación de los vecinos con el objetivo de que no maten a los monos que llegan a alimentarse a árboles frutales en propiedades privadas.
A mediano plazo, considera prudente la consolidación de corredores que les permita a estos animales movilizarse en rutas similares a las que estuvieron acostumbrados hasta la década de 1980.
El traslado de ejemplares de una zona a otra es una opción muy complicada de ejecutar que aún no se toma en cuenta.