Con una inversión superior a los $1.100 millones (más de ¢516.000 millones), la Exposición Universal de Aichi 2005, en Japón, abrió ayer un enorme muestrario internacional marcado no solo por la última tecnología, sino también por la necesidad de enfrentar los desafíos ambientales.
Ninguna de las cifras de la primera exposición mundial del siglo XXI es humilde: ocupa 173 hectáreas en las colinas de Nagoya (250 kilómetros al oeste de Tokio), durará 185 días, reúne a 121 países, cuatro entes internacionales y decenas de organizaciones no gubernamentales, y espera a 15 millones de visitantes.
El asunto central de Aichi 2005 es "La sabiduría de la naturaleza" como preocupación por el futuro ambiental y por el desarrollo sostenible. En diferentes espacios se tratan aspectos como el envejecimiento de la población, la creatividad de los niños, nuevas fuentes de energía y el reciclaje.
También se incluye el "Biopulmón", muro de 150 metros de largo y 12 de alto, lleno de plantas y flores, que sirve para refrescar el lugar conforme aumenta el calor.
Muchas atracciones. La Expo Mundial es un gran parque de atracciones; la mayor de ellas probablemente sea un verdadero mamut congelado, pero hay otros elementos que "secuestran" la curiosidad de los visitantes.
De hecho, la industria tecnológica japonesa aprovechó el impresionante escaparate para mostrar lo último en robótica, telecomunicaciones, transporte e imagen.
Se ven un bus sin conductor, un tren de levitación electromagnética y decenas de robots, desde los que reciben a la gente en diferentes idiomas hasta los que vigilan por la noche. También hay una pantalla de alta definición de 360 grados.
De paso, se ofrecen miles de sorpresas en los diferentes pabellones. Aichi 2005 dará de qué hablar por seis meses.