La llegada de millones de mariposas monarca a los bosques de Michoacán, México, nunca ha sido un misterio para los habitantes de la Sierra Madre. Según ellos, las mariposas son las almas de sus muertos que llegan a celebrar su día, cada 2 de noviembre.
El enigma ha estado en las manos de los biólogos que, desde 1975, descubrieron que la maravillosa mariposa de alas anaranjadas, puntos blancos y bordes negros, que merodea los campos de Canadá y el norte de Estados Unidos durante la primavera, el verano y el inicio del otoño, una vez que bajan las temperaturas, emprende un viaje de más de 4.000 kilómetros para sobrevivir el invierno protegida en los bosques de oyamel mexicanos.
Lo curioso es que, año tras año, millones de mariposas llegan a exactamente la misma localidad, a pesar de que el trayecto no pudo haber sido aprendido: las que arriban en un invierno son las bisnietas de las que estuvieron allí un año antes.
¿Cómo lo hacen? Todo se debe a un destino biológico escrito en el genoma de cada uno de estos insectos, según demuestra una investigación de Steven M. Reppert, neurobiólogo de la Universidad de Massachusetts, quien se dedicó a comparar la expresión de genes entre las mariposas invernales que realizan la migración y las primaverales que no.
En su informe, publicado en la revista BMC Biology , Reppert demuestra que hay 40 genes que actúan de forma diferente en el cerebro de la mariposa invernal, que permiten que el insecto dirija su vuelo hacia el bosque de oyamel en Michoacán, México.
Según Reppert, la expresión de estos genes funciona como una brújula que dirige el vuelo de la mariposa hacia el sitio seguro para sobrevivir el invierno.
Esta brújula actúa de forma independiente de otro cambio que sufren las mariposas migratorias: una niñez prolongada que logra posponer su etapa reproductiva y alargar su vida hasta cuatro meses para permitirle hacer el viaje, regresar a casa y, en el camino, procrear. En este proceso intervienen otros 23 genes.
Aunque la tradición cuenta que las mariposas monarca son las almas de los muertos, en realidad estos insectos son un testimonio de vida. Cada mariposa que llega a Michoacán es prueba de que en su ADN está escrito su destino: un plan de vuelo migratorio que asegura la supervivencia de toda la especie.