Randall Zúñiga. 2 diciembre, 2017

Arquitectura del bosque. Desde la primera visita al lote, el arquitecto lo tuvo claro: una vivienda alargada, cerrada hacia los vecinos y abierta al verdor exuberante de una cuenca protegida, como un escaparate para apropiarse del entorno.

Los clientes querían un amplio espacio para fiestas y convivencia familiar, con la cocina como eje medular, líneas puras y un aire industrial que, mal encaminado, habría reñido con el paisaje. En cambio, ese acento a loft que transmiten los espacios internos –el salón principal, en particular– se complementa, se revaloriza o se disuelve incluso, si se quiere, al exponerse al entorno como una vitrina.

Ronald Pérez.
Ronald Pérez.

Tras un acceso empinado, aparece la vivienda extendida a lo largo de lo más plano del lote, paralela a los árboles tupidos que cubren un fuerte declive del terreno y que acaba en la cuenca de una pequeña quebrada.

Dada la disposición alargada, Cañas optó por colocar el área social en la cintura de la vivienda, funcionando como un espacio único y abierto en donde se ubica la sala, el comedor y dos islas para la preparación de alimentos, con el resto de los muebles y electrodomésticos de la cocina empotrados, discretos, en una pared.

Además de la planta libre, el sentido de loft queda reforzado por cuatro lámparas de corte industrial, el piso de concreto pulido y las paredes de concreto chorreado. A esto se le suma la extensa ventanería inclinada, que aumentan la percepción del tamaño del espacio y acercan el entorno, paños corredizos en ambos extremos y celosías.

Ronald Pérez.
Ronald Pérez.

A la derecha de este espacio se desarrolla un pasillo que separa las áreas de servicio, herméticas, y las habitaciones secundarias, abiertas a la vista. A la izquierda, a su vez, se ubica la habitación y el baño principales, separados del área social por una pared de concreto chorreado en donde se ubican dos chimeneas: una en torno a la cual se reúne la sala, y otra contigua a la isla donde se ubica la cama.

Esta pared parece flotar, etérea, en medio de la ventanería, ya que no tiene ningún fin estructural, y permite ver los fustes de las chimeneas, la textura de la formaleta y los orificios que sirvieron para prensarla durante la chorrea. Los mismos detalles se repiten en la pared que separa la habitación y el cuarto de baño.

La cubierta, por su parte, se extiende como un solo plano sobre la habitación principal y el área social, incentivando las fugas visuales hacia el bosque. En las habitaciones secundarias, en cambio, la altura del techo disminuye para proteger de la lluvia y acentuar aún más el cambio de escalas al que se enfrenta el visitante.

Ronald Pérez.
Ronald Pérez.

Para salvar un leve declive en ese segmento plano donde se ubicó la casa, Cañas asentó las tres grandes áreas del programa wen tres distintos niveles, conectados por gradas, para evitar así grandes movimientos de tierra. Esto permite, además, apreciar los árboles desde el nivel del jardín, en el nivel más bajo, hasta las copas, en el punto más alto.

La clave de la conexión entre la construcción y el entorno la da un extenso deck de madera que comienza junto a las islas de la cocina y parece internarse en el bosque hasta abrazar un árbol. “Más del 90% de la casa es el bosque”, repite Cañas. “A la par de él todo lo demás se vuelve secundario”, concluye.