Enredos Amorosos

¡Mejor “jalá” con tu celular!

¿¿¿DÓNDE ESTÁS??? TE LLAMÉ Y ME SALE LA CONTESTADORA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Eliminando la posibilidad de que realmente se trate de alguna emergencia, semejante reacción tendremos que colocarla en la repisa de los ataques de histeria. Utilizar mayúsculas, así como un número desproporcionado de signos de exclamación, intentan poner al receptor sobre aviso: “psicológicamente continúo siendo un bebé y, es por eso que necesito de tu entera presencia, cada hora, cada minuto, cada segundo. La sola idea de tu ausencia lascera mi alma e irrita mi mente. Soy, solo cuando contestas. No existo. Solo vuelvo a aparecer cuando mi celular indica que (me) has leído”.

Preocupante, ¿no es cierto? Algo ridículo incluso. Continuemos con esta situación, en apariencia imaginaria, pero tristemente real. La otra persona, en caso de que fuera conduciendo, responsablemente se estaciona para atender esta desgarradora demanda de atención. Hace la llamada de rigor y descubre, con más rabia que asombro, que la cantidad de signos de exclamación era inversamente proporcional a la trascendencia del mensaje. “No recuerdo por qué te llamé, pero no me gusta que me salga la contestadora”.

La tecnología ha venido a trastocar el ámbito de las relaciones humanas: “Cambió su status media hora antes de terminarme”. “Me bloqueó doc!!!”. “Vi que revisó whatsapp a las 3am y a mí me dejó a las 9.30pm en casa de mis papás”. “Sí lee mis mensajes, pero no me escribe”. “Siempre supe que esa que le daba like a sus fotos le llevaba ganas”. Cuando estudiábamos en la facultad, ningún curso nos previno de este fenómeno. La salud mental dependerá de qué tan notado seas en redes sociales. Si no sos en alguna red, no sos. Si no te gusta quién sos, inventáte otro “ser” en redes.

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