Enredos Amorosos

Costillas, mitos y dependencias

EscucharEscuchar

Los padres queremos que nuestros hijos se parezcan a nosotros. Es así, lo confiesen o no. Sentimos en nuestros hijos una especie de extensión de nosotros. Y lo son, genéticamente hablando, pero no solo por eso. Cada uno de ustedes -y yo- provenimos de un árbol genealógico. A través de la savia de dicho árbol -para algunos será un roble o una secoya, para otros una matilla ahí toda hecha leña-, nos fueron traspasados sueños, cosmovisiones, síntomas y leyendas. Vean que hasta nos “zampan” un apellido. Somos... en cuanto procedemos de otros. Esos otros, de modo consciente o no, nos heredaron: propiedades, deudas, mitos, sueños no cumplidos, ideales, etc.








En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.