Fabrice Le Lous. 10 octubre
Joker (2019) cuenta la historia de Arthur Fleck; un hombre ignorado por la sociedad; cuya motivación en la vida es hacer reír.
Joker (2019) cuenta la historia de Arthur Fleck; un hombre ignorado por la sociedad; cuya motivación en la vida es hacer reír.

Ver la película Joker (2019), escrita y dirigida por Todd Phillips, y estrenada en Costa Rica a comienzos de octubre, es un ejercicio que demanda mucho de la audiencia. Es incómoda de mirar, es sorpresiva, está magistralmente actuada por Joaquin Phoenix, y está cargada de polémica. ¿Apología a la violencia? ¿Humanización extrema de un villano? A los críticos no les ha hecho tanta gracia, pero a la audiencia le ha encantado. ¿Por qué nos fascina este personaje excéntrico que desafía nuestra moral? Tratamos de responder a la pregunta en esta publicación.

Villanos: ¿atracción natural?

Pensemos en algunos villanos de obras conocidas en la cultura popular: Joker, Darth Vader, Sauron, Lord Voldemort, Maléfica, Loki, Hiedra Venenosa, Hannibal Lecter, Magneto, Dos Caras, Thanos... ¿Has sentido algo de simpatía o atracción por alguno de estos personajes? Síp: nosotros también. No pasa nada; es normal. Y puede ser por una necesidad que el psiquiatra y psicoanalista suizo Carl Jung (1875 – 1961) aseguraba que tenemos los humanos: confrontar y entender nuestra naturaleza oculta para crecer como individuos.

De acuerdo con Jung, una sana confrontación con el “otro yo” (o con nuestra “sombra”), tiene el potencial de despertar fortalezas en nosotros (ej. nerd: Bruce Wayne cuando se convierte en el Caballero de la Noche para combatir el crimen), mientras que insanas confrontaciones con nuestra otra “persona” pueden liberar lo peor de nosotros (ej. nerd: Harvey Dent cuando se vuelve Dos Caras y pasa de político a villano).

¿Pero qué hay en nuestra ‘naturaleza oculta’? Pues todo lo que no podemos externar en sociedad de forma libre. Y eso, la absoluta libertad, es lo que los villanos suelen exhibir, a diferencia de los héroes.

En las obras de ficción que nos gustan, los antagonistas tienen vía libre para destruir, dominar, degradar, denigrar, controlar y hasta matar a otras personas e instituciones. Los más poderosos actúan muchas veces sin temor a las consecuencias, pues nada les infunde temor (Thanos, Sauron y Voldemort, por ejemplo, son casi dioses que operan a su antojo).

Esta capacidad de libre albedrío nos asombra y la admiramos, aunque sabemos ubicar sus actuaciones en el espectro de lo que está mal (según nuestro sentido común y nuestra educación). Lo que no haríamos.

Y ahí viene la contraparte: los héroes. Es común sentirnos muy ligados a los villanos porque también nos sentirnos muy ligados a los héroes. Ambos extremos nos son familiares. Desde la mitología hasta la literatura moderna, héroes y villanos siempre van de la mano en el desarrollo de las historias.

La ausencia de uno, en cierta medida, anula al otro (¿recuerdan esta escena donde el Joker le dice a Batman que ellos se complementan?). Todo es como el Ying-yang chino. Un equilibrio entre luz y sombra.

La caracterización de Joker que ofrece el actor Joaquin Phoenix ha sido alabada por buena parte de la crítica especializada.
La caracterización de Joker que ofrece el actor Joaquin Phoenix ha sido alabada por buena parte de la crítica especializada.
Los orígenes del Joker

El Joker o El Guasón, como se le conoce en español, tiene uno y varios orígenes. Es decir, fue inventado en 1940 por DC Comics en la primera historieta de Batman que salió al público, pero después varios autores reescribieron el origen del personaje añadiéndole pinceladas. Este es un recuento de los aportes más significativos al origen del personaje.

1940 - Batman #1

El Joker nació junto a Batman. El tomo número uno de la historieta del Hombre Murciélago fue también el bautizo de su archirrival con cara pintada y atuendo extravagante. Esto fue en 1940.

Para 1942, el personaje pasó de ser un psicótico asesino en masa a un bromista torpe. Esto, supuestamente, para tener mejor aceptación entre los niños.

1951: Cómics de Detectives #168

Aquí se reveló que el Joker ya cometía crímenes bajo otro apodo: Red Hood. Cuando trataba de robar en una fábrica vistiendo su disfraz, Batman lo persiguió y lo hizo caer en un contenedor de agua química. Al salir, el Joker tenía la piel blanca y el cabello verde. Aquí se tejió el origen de su aspecto.

1966: La serie TV de Batman

Batman pasó de ser un dibujo a ser interpretado por actores reales en la famosa serie televisiva homónima de los 60. Esto era una especie de situation comedy. Aquí el Joker era histriónico y divertido, aunque siempre villano. Lo interpretaba el actor César Romero, pero apareció solo en un puñado de ocasiones.

1988: La Broma Mortal (The Killing Joke) de Alan Moore

Alan Moore, creador de V de Vendetta y Watchmen, también escribió una historia en el universo de Batman: The Killing Joke. Como podés suponer si estás familiarizado con Moore, esta versión del Joker es oscura y compleja, y hay una humanización del villano.

El autor adaptó el origen descrito en 1951 a un giro propio en su novela gráfica.

Portada de la novela gráfica The Killing Joke, de Alan Moore.
Portada de la novela gráfica The Killing Joke, de Alan Moore.

El Joker era un ingeniero sencillo, sereno, que abandonó su trabajo en una planta química para perseguir su sueño interior de hacer stand-up comedy. Tras fracasar como comediante, el hombre accedió a ayudar a maleantes a robar en la planta donde trabajaba para ganar algo de dinero y ayudar así a su esposa embarazada: Jeannie. Sin muchos detalles, aprendemos que Jeannie muere en un accidente, y cuando el ingeniero se encuentra en la fábrica, Batman da persecución a los malhechores y provoca la caída del ingeniero en un líquido químico que lo transforma para siempre. Es el nacimiento del Joker a pesar de sí mismo. La desfiguración de una persona a quien su familia y sueños le fueron extirpados, y a cambio se le concedió una identidad nueva.

Estas obras primerizas pusieron los fundamentos de quién es el Joker. Un villano intrínseco a las aventuras de Batman. Luego les siguió una ola de grandes producciones, entre las que destacan estas tres:

1989: el interpretado por Jack Nicholson en la película Batman de Tim Burton.

2008: el interpretado por Heath Ledger en The Dark Knight, de Christopher Nolan (Ledger murió por sobredosis meses después de interpretar al Guasón y ganó un premio Óscar póstumo a Mejor Actor de Reparto).

El inolvidable Joker que interpretó Heath Ledger ganó el premio Óscar a Mejor Actor de Reparto en 2009.
El inolvidable Joker que interpretó Heath Ledger ganó el premio Óscar a Mejor Actor de Reparto en 2009.

2019: el que nos cita en los cines en octubre; interpretado por Joaquin Phoenix en una película sin Batman. Un filme llamado Joker escrito y dirigido por Todd Phillips, que se enfoca en el origen del Guasón en la piel de un enfermo mental que ríe impulsivamente cuando su cuerpo quiere llorar. Quizás la película más incómoda del año. O la más brillante. O ambas cosas al mismo tiempo.

Joaquin Phoenix interpreta al Joker en la nueva película del universo de Batman.
Joaquin Phoenix interpreta al Joker en la nueva película del universo de Batman.
Este Joker 2019 es diferente (SPOILER ALERT)

Si no has visto la película, no leás esta sección del Explicador. Just don’t.

Este filme es muy distinto a los anteriores del Joker. Para comenzar, no hay un equilibrio notorio entre el bien y el mal, pues Batman todavía no existe como contrafuerza. Lo que contemplamos es el origen del malvado. La transformación de un ser humano común (vulnerable, pequeño) en uno de los villanos más conocidos en la cultura pop. Pero esta metamorfósis, con dosis de épica por el viaje que emprende el protagonista, no es fácil de digerir para el público. Aquí algunas razones:

Arthur Fleck es un enfermo mental que busca lo que buscamos todos (como seres que vivimos en sociedad): aceptación social. Es un ser vulnerable y marginalizado por una condición médica terrible, imposible de compaginar jamás con el resto de la gente: no puede llorar; solamente logra reír. Su risa compulsiva aflora en sus momentos más oscuros, y esto lo ha convertido en un paria de una megalópolis en decadencia, donde ya nada funciona.

Los actos de Fleck, a pesar de él mismo, detonan la antropofagia de la humanidad que lo rodea, y lo vuelven a él un cabecilla involuntario de un estallido social que él no esperaba gestar. Pero Arthur no es el Joker de otras películas. Es víctima primero, y luego victimario. La violencia que él descarga es una suerte de venganza y justicia personal, aunque quizás la ejecuta sin realizar el proceso mental de lo que esto implica. Este Joker no es un líder ni mucho menos. No da la impresión de que llegue a serlo nunca.

Este filme, con la transformación del Joker como hilo conductor, retrata la autodestrucción del status quo en un mundo que parece más real que ficticio. Se la ha criticado mucho por la ultraviolencia que presenta (es para mayores de 18), pero no hay que buscar un mensaje de acción social sino contemplar una crítica fresca y desinteresada de nuestros tiempos, ambientada en Ciudad Gótica.

Lo que quizás molesta más de este filme --lo que lo vuelve incómodo de ver--, es la imposición de problemas reales que afuera de la sala de cine ignoramos acaso deliberadamente, pero que tras pagar el ticket debemos tragarnos crudos: problemas como el abandono de la salud mental y/o los limitantes tratamientos existentes.

Es decir, la fascinación por el Joker está arrastrando a millones a las salas de cine, pero este Joker no es para todos los gustos. Se entiendo fácilmente por qué a tantas personas no les gustó la cinta. Y también se entiende a quienes quedaron fascinados :)

Punto de vista del psicoanálisis (SPOILER ALERT #2)

Entrevistamos al psicoanalista costarricense William Buckley, quien ya vio Joker (2019) y quien sigue de cerca el mundo de los cómics, para entender desde su campo de pericia, por qué este villano puede gustar tanto.

Buckley considera que este filme da pie a que el público se identifique con el villano porque le da un mito de origen.

La fórmula de un “buen” villano o antagonista radica en construir un personaje con una historia y con motivaciones dentro de un contexto social e histórico habitado por el sujeto y espectador, apunta el experto.

“La variable introducida por el Joker de Todd Phillips elabora un personaje que es el síntoma del estallido social de la Nueva York --o Ciudad Gótica-- de los 80’s, apuntalado en sus propios padecimientos psíquicos. La noción de síntoma es fundamental para comprender al descontento social y la decadencia de la ciudad y sus habitantes, teniendo su epitome en Arthur Fleck, el desecho del capitalismo y el sistema imperante, violentado por aquellos que no le consideran un prójimo, un semejante. Esta realidad nos interpela a diario”, valora Buckley.

Y es así que el Joker gusta. Como “agente reinvindicativo de los oprimidos”, como lo tilda el psicoanalista. Este Joker, quizás sin desearlo realmente, reivindica a los reprimidos de conciencia, a los desechados, los invisibilizados y silenciados por aquellos con poder.

“Es la sublevación como respuesta y reacción violenta al sometimiento sin la consecuencia de la Ley”, explica Buckley. “Joker recoge el lado más oscuro de lo cotidiano que nos habita”.

Y aquí regresamos al “otro yo” del que nos hablaba Carl Jung.

¿Viste la película? ¿Qué te pareció este Joker? Dejanos tus impresiones en los comentarios.

Joker (2019, Todd Phillips).
Joker (2019, Todd Phillips).