De viaje con Jairo

Qué chiva vivir en Aruba. Periodista tica lleva 32 años en esa exótica isla

En este nuevo capítulo de Ticos lejos del hogar, la historia de Mercedes Monge Quesada, quien vive en Aruba. Historia número 77

Hace poco más de tres décadas, la costarricense Mercedes Monge Quesada adoptó como su hogar la paradisíaca isla de Aruba, en el Caribe, uno de los lugares más bellos del mundo por el color de su mar.

Esta periodista costarricense reside en el exótico destino al que muchos sueñan con ir de vacaciones por al menos un puñado de días.

Aruba, una nación autónoma de los Países Bajos, se localiza cerca de Venezuela, su población apenas llega a los 107.000 habitantes, pero el turismo atrae cada año hasta dos millones de personas (antes de pandemia).

Mercedes es de San José y por esas vueltas del destino, la mayor parte de su vida la ha pasado fuera de nuestras fronteras. Antes de instalarse en Aruba, residió por 13 años en Curazao, otra majestuosa isla del Caribe, así como seis años en Panamá, ocho meses en Australia y un corto periodo en México.

¿Cómo un tico llega a mudarse a Aruba? “Mi esposo Mohamed Abdul Hamid, holandés de origen libanés, es funcionario policial (Mayor) y pidió traslado de Curazao para Aruba. Ahora está pensionado”, me responde.

Lógicamente su vida la hizo en esa isla llena de turistas, diversión y sol. Por ello es que allá viven sus hijos y nietos.

“Mis hijos son Faridi (divorciada), quien tiene dos hijos: Millyanne y Justshue. Mi otro hijo es Nadim (y su esposa Paola), tienen tres hijos Durayd (15), Nahed (13) y Karim (2). No viven conmigo, cada uno tiene su hogar propio”, resaltó.

En Costa Rica, esta josefina tuvo varios empleos y la formación inicial para luego ser profesional en las islas donde ha vivido.

Por ejemplo, apenas concluyó la secundaria ingresó a laborar a la Librería Lehman, después estuvo siete años en el Hospital Nacional de Niños, el Teatro Nacional donde fue la primera secretaria de la dirección de actas y correspondencia de su directiva. También laboró en la Universidad de Costa Rica, hasta que llegó el año de 1977, cuando se casó y se mudó a Curazao.

A su esposo lo conoció en un viaje a Curazao. “Estando yo de vacaciones con colegas de la U, ellas fueron a una fiesta y yo me quede estudiando en el lobby del hotel y él me estorbó hablándome, yo me enojé”.

Antes de su boda, Mercedes estudió en la UCR Recursos Médicos y Estadística, así como dos años de la carrera de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo, profesión que tiempo después se volvió en su compañera inseparable.

“En Curazao trabajé en el Banco Industrial de Venezuela durante un año y despues gané un concurso para trabajar como encargada de prensa en el Consulado General de Venezuela. Ahí se me dio formación en periodismo diplomático, teoría y práctica. Estuve 8 años. Hice una pausa cuando nos fuimos para Australia, y al volver todavía tenía mi puesto que disfrute por cuatro años más, hasta que llegué a Aruba”.

“En Aruba trabajé primero en el periódico Di Nos por un tiempo corto, porque cerró muy pronto. Después trabajé en tres medios más, y por último me dieron la oportunidad en el matutino Diario, mi segundo hogar desde 1992 hasta hoy. Me desempeño como reportera y redactora, en el idioma papiamento”.

El papiamento es la lengua oficial y nacional, pero muchos también hablan neerlandés. Cerca del 20% de la población habla español, mientras que el inglés es clave por el turismo.

Sobre sus hijos, Mercedes dice con orgullo que nunca ”los perdió de vista“ cuando eran niños y adolescentes, pese a que ella trabajaba.

“Cuando mis hijos iban a la escuela, fue muy complicado por las horas de trabajo. Siempre he sido una mujer de retos y nunca perdí de vista a mis niños y con orgullo puedo decir que hoy en día los dos son profesionales y muy buenas personas, claro con sus virtudes y debilidades como seres humanos. Como se dice en papiamento: “mi a haci mi best”.

Sobre lo que más le gusta de Aruba, Mercedes dice de inmediato que son las playas por su arena blanca, así como el mar cristalino, con varias tonalidades de azul.

Pero no todo es perfecto. Asegura que en los 39 años de vivir en Aruba le ha sido imposible acostumbrarse al calor, sobre todo entre marzo y octubre, cuando la temperatura perfectamente escala hasta los 34 grados, aunque la sensación térmica puede resultar más sofocante.

Le pedí a Mercedes que escudriñara en sus recuerdos, algunos de hace varios años. Deseaba saber qué le dijo la familia cuando les informo de que se mudaba al Caribe, en momentos en que las comunicaciones estaban años luz a las actuales.

La respuesta fue sorprendente, porque evidencia que no fue nada fácil, que tuvo que pensar y pensar.

”Mi mamá se puso muy triste. Una hermana mía acababa de morir de parto. Hubo mucha gente que me dijo que no me casara y que me hiciera cargo de mis sobrinos. Pero yo también quería tener una familia. Sin embargo, mi mama y mis sobrinos no quedaron desamparados, y también contaron conmigo, y los adoro”.

Aprovechando esos recuerdos, le pedí que trajera a la actualidad algunas de las anécdotas que le ocurrieron al irse al extranjero.

“Más que anécdotas, al principio mucha soledad, me hacían mucha falta mi madre y toda mi familia. Muchas veces quise regresarme, hasta que sali en estado (embarazo) de mi hija y dos años después mi hijo, y ellos llenaron de luz mi vida”.

Quién más que ella puede dar sugerencias a los ticos que cumplen su sueño de visitar Aruba.

Entre los sitios a visitar, por supuesto, las playas, pero esta compatriota también sugiere ir a lugares exóticos por su naturaleza.

”Como por ejemplo el Parque Nacional Aruba (antes Arikok), que es una belleza con una flora y fauna muy particular. Las cuevas (donde habitan los murciélagos), nunca he ido, pero me dicen que es algo espectacular. La vida nocturna se dice que es muy buena, el área de los hoteles cinco estrellas es preciosa. De Palm Island tambien vale la pena conocer. La misma ciudad es muy bonita y el distrito de San Nicolás que está en desarrollo. Y a los amantes del casino, aquí hay nueve y hay museos muy interesantes”, expresó.

Eso sí, la mala noticia es que es una nación un poco cara, sobre todo en comida y bebidas. Por eso, Mercedes considera que los hoteles todo incluido son una buena opción.

Ella considera que Aruba es un buen destino todo el año. Si sus planes son visitar la isla un poco después, puede tener la suerte de que se reanuden los carnavales a principio de año, suspendidos ahora debido a la pandemia.

¡Cuidado rompe las reglas si va a esta paradisiaca isla caribeña! “Caminar por la ciudad en traje de baño sin cubrirse, por ley es prohibido. Pasarse de tragos y ponerse fresco, no respetar a una dama con palabras incómodas. No he escuchado que hayan criticado a ticos, pero sí a otros turistas que lo han hecho, pero muy pocas veces, no es algo común tampoco. Pero el tico, por su simpatía y carisma, es muy apreciado aquí. Me lo han dicho”.

Mercedes trata de venir cada cuatro años a Costa Rica. Le correspondía hacerlo en el 2020, pero ocurrió una situación inesperada que estropeó los planes.

“Se me presentó el reto del cáncer de seno en el 2019, y estoy en el proceso de recuperacion, gracias a Dios”.

Con la comida no tiene mayor nostalgia, pues dice que cocina mucho a lo tico, con picadillos, especialmente, e incluso hace tamales. “Se consiguen todos los productos, hasta tortillas de maíz y natilla, que viene de Venezuela”.

Claro, con tantos años allá le tomó un gran gusto a los platillos autóctonos.

“La comida criolla es muy sabrosa. Lo que más me gusta es el bami goreng (fideos fritos), el pescado con funchi y los pastechis (empanadas), entre otros. Nada que cambiar, más bien sería bueno expandir”.

Esta es la historia número 77 sobre costarricenses que dejaron su país por diferentes circunstancias, se adaptaron a otra tierra, pero guardan el cariño por sus raíces.

Jairo Villegas S.

Jairo Villegas S.

Editor de Deportes y fiebre viajero a bajo costo, por eso estudio con detenimiento cada destino. He visitado 63 países y de cada uno conservo recuerdos espectaculares mientras sueño con el próximo periplo.

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