Édgar E. Gutiérrez-Espeleta. 1 mayo
María Elena Jiménez se mantenía en el puesto de frutas en una de las ferias del agricultor de San José, el sábado 25 de abril. Los productores hacen esfuerzos para mantener la actividad en favor de toda la ciudadanía durante la pandemia. Fotografía José Cordero
María Elena Jiménez se mantenía en el puesto de frutas en una de las ferias del agricultor de San José, el sábado 25 de abril. Los productores hacen esfuerzos para mantener la actividad en favor de toda la ciudadanía durante la pandemia. Fotografía José Cordero

En días pasados se publicó en La Nación una reflexión sobre las lecciones aprendidas a partir de las “experiencias” sobre la covid-19 a los 50 días de haber aparecido en el país.

En ella se establecía que en este período el país “aprendió a impulsar el teletrabajo, no solo para las empresas y los trabajadores, también porque es bueno para el ambiente; aprendió la relevancia de mantener las medidas higiénicas básicas, como el lavado de manos estricto, con el potencial de salvar vidas pese a ser tan sencillo”.

Si bien esto efectivamente son aprendizajes traídos por la covid-19, me llevó también a reflexionar sobre mi propio aprendizaje el cual quisiera compartir con ustedes en esta oportunidad.

Igual, a los 50+ días de tener la covid-19 entre nosotros, y de obedecer las directrices de las autoridades sanitarias y políticas, creo que hemos aprendido también sobre:

1. Lo dichosos que somos los costarricenses de poder contar con un sistema de salud como el que nos ofrece la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), y un Estado que nos ofrece seguridad y los elementos esenciales para una vida digna en sociedad: gracias a la CCSS, al Ministerio de Seguridad Pública, al Ministerio de Trabajo, al Instituto Costarricense de Electricidad, a las Municipalidades (por mantener sus servicios), a las universidades públicas, a Recope, al Consejo Nacional de Producción (CNP), al Ministerio de Educación Pública, al AyA, y a muchas otras instancias públicas que han hecho la travesía por el covid-19 menos difícil gracias a la conducción clara, honesta e idónea de sus jerarcas. Y gracias a la empresa privada que ha estado a la altura de un país donde el estado social de derecho prevalece y es respetado por todos.

2. El acercamiento del productor al consumidor: no solo en materia de alimentos y bebidas, pero sobre todo con los productores agrícolas, quienes han seguido trabajando a pesar de la pandemia.

Este acercamiento, vía plataformas virtuales, ha sido un gran acierto de nuestra sociedad ya que hemos tenido la oportunidad de pagar los productos agrícolas a precios justos directamente al productor. Espero que después de covid 19 las plataformas desarrolladas para este efecto se mantengan. ¡Los productores agrícolas se lo merecen!

3. Consumir lo necesario: atiborrarnos de “cosas” ha sido una enseñanza negativa de la sociedad de consumo por lo que, gracias a la pandemia y a las restricciones económicas que nos trajo, nos hemos tenido que limitar a consumir aquello que es realmente esencial.

Ojalá, de nuevo, esto se quede para siempre entre nosotros.

4. Comprar productos nacionales: al llegar las restricciones sanitarias y el desempleo y reducción de jornadas nos dimos a la tarea de apoyar a las empresas nacionales que mantienen los salarios y sus trabajadores a pesar de la crisis.

Nuestra solidaridad con estas empresas privadas nacionales es una obligación y nos sentimos alegres de hacerlo. Esto será un motor para la reactivación económica cuando el mercado se abra de nuevo.

5. Conversar y compartir más entre familia: la campaña “Quedate en casa” ha sido exitosa y para aquellos hogares que han logrado sobrellevarla, ha servido para que sus miembros se conozcan más por medio de la conversación y el intercambio de opiniones.

Conversar, instrumento de la civilización, hay que ejercitarlo para que sea realmente útil en la convivencia social.

6. Desarrollar empatía con trabajadores públicos como los de salud, docentes, municipales, etc.: en nuestra sociedad moderna hemos dado por defecto que los servicios públicos están ahí por obra del mago de Oz, pero no, ante la situación vivida hemos reconocido el esfuerzo de servidores públicos que han hecho nuestra convivencia más agradable y saludable.

No puede existir una sociedad moderna si no tiene a su servicio un aparato público que facilite el desarrollo de las empatías, la solidaridad, la comprensión y la tolerancia entre el sector privado y público.

7. Ser solidarios con aquellos que más lo necesitan: esto ha sido crítico para los tiempos que atravesamos ya que hemos tenido que reconocer que el esfuerzo realizado no ha significado lo mismo para todos.

Una gran mayoría han tenido que hacer un esfuerzo mayor y la minoría hemos reconocido esto y por ello apoyado las campañas de solidaridad emprendidas. Este reconocimiento debe llevarnos a preocuparnos, luego del covid-19, a emprender acciones contra la desigualdad social y la exclusión.

8. Apreciar el entorno natural sin la masiva intervención humana: sea cierto o no que el origen del covid-19 se dio a partir de encuentros de seres humanos con poblaciones salvajes de murciélagos u otros animales salvajes, lo cierto es que reconocemos ahora que estos encuentros no son recomendables ni deseables.

Por lo tanto, nos vemos obligados a aceptar que nuestras intervenciones humanas en el territorio que tenemos disponible no han sido las recomendables tampoco, ya que hemos reducido los hábitats de las poblaciones silvestres, aquellas tierras que hemos utilizado las hemos degradado o no las hemos utilizado de forma sostenible, lo que ha provocado que las poblaciones silvestres cada vez se encuentren más cerca de nosotros mismos.

Esta situación hay que reversarla cuanto antes para que estas epidemias se eviten, para que la biodiversidad y los ecosistemas rehabilitados nos protejan, y para que nosotros podamos disfrutar de entornos más naturales de forma más frecuente.

9. Al renunciar al abrazo y al beso aprendimos su significado y su importancia entre personas que queremos: al obedecer la campaña del “distanciamiento social” y al obedecer las directrices del Ministerio de Salud sobre las relaciones interpersonales nos privamos del abrazo y del beso para nuestros seres queridos.

Al no poderlo expresar sentimos su ausencia y la necesidad de reconocernos en el otro gracias a otros medios. Pero a la conclusión que he llegado es que no hay como un abrazo y un beso con un ser querido, se le extraña y se desea que pronto podamos hacerlos efectivos.

En fin, hemos aprendido a ser más humanos y a reconocer que nos encontramos dentro de un entorno, social y natural, frágil pero donde cada uno de nosotros puede hacer una gran diferencia.