Édgar E. Gutiérrez-Espeleta. Hace 3 días
España alberga la COP25. Fotografía AFP
España alberga la COP25. Fotografía AFP

El lunes 2 de diciembre se inauguró la vigésima quinta reunión de los países (COP 25) del convenio marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (UNCCC), reunión cumbre de casi 200 países para discutir aquellos temas que son relevantes para combatir el cambio climático del planeta.

Está sobre la mesa la urgencia de tomar medidas más ambiciosas; la urgencia de realizar acciones nacionales más eficientes y eficaces en la línea del acuerdo de París, y la urgencia de que efectivamente se pase del discurso político a la acción.

El presidente de España, Pedro Sánchez, urgió en esa mañana” ir más lejos y hacer las cosas más rápido” en la reducción de emisiones porque ahora “en caso de no marcar un punto de inflexión, dejaremos atrás el punto de no retorno”.

Efectivamente, la situación actual está así, es decir, o tomamos medidas drásticas ahora, ya que ayer no se tomaron, o llegamos a un punto de no retorno donde vamos a tener que trabajar incansablemente, como planeta, en la adaptación a un clima cada vez menos amigable con el ser humano y con la naturaleza.

Si bien pasar del discurso político a la acción se reconoce como urgente este tiene sus puntos débiles, tal como lo han manifestado presidentes de América Latina que tomaron la palabra en la inauguración del segmento de alto nivel, apuntando la necesidad de financiamiento y yo agregaría, además, el apoyo a la construcción de capacidades para que la mayoría de los países puedan realmente convertir el discurso de la ambición en acciones reales a nivel nacional.

Los países en vías de desarrollo no pueden tomar medidas como las que anunció esa mañana la presidenta de la Unión Europea, quien prometió de que el próximo mes de marzo presentará una ley para hacer irreversible la neutralidad climática de la Unión Europea, pero no se quedó ahí, sino que continuó diciendo que acompañaría esta iniciativa con una dotación de un plan de inversiones de 1000 millones de euros.

Esto hace una diferencia en la realidad política entre los países desarrollados y los nuestros.

Como ministro, durante la Administración anterior, efectivamente uno siente el compromiso y siente que el país puede dar más y convertirse realmente en un ejemplo para el mundo no solo como pionero en acciones transformadoras, sino también, en la cooperación internacional, pero lamentablemente, la crisis fiscal y las condiciones nacionales no permiten eso.

Esperanza en la reunión

Uno asiste a una reunión como éstas y se entusiasma con los discursos de otros ministros porque se comparten ideales y visiones. Es así como Costa Rica se ha matriculado en iniciativas y coaliciones internacionales compartiendo la misma ambición y constatando la reunión de voluntades para hacer una diferencia; pero cuando se regresa al país se encuentra de que no hay capacidad financiera, y algunas veces de recursos humanos, para iniciar o apoyar estas iniciativas que lleven a esa transformación requerida.

Hemos aprobado políticamente planes, como algunos del Plan Nacional de Descarbonización, o inclusive del Plan Nacional de Energía 2015-2030, sin asignación de recursos económicos ni humanos debido a que la crisis fiscal, y el discurso politiquero, no permite asignar los recursos reales que conviertan esa aspiración política en una realidad nacional.

Entonces es realmente difícil lograr engranar esa aspiración que manifestamos durante las convenciones de Naciones Unidas y la realidad nacional. De allí la necesidad de llevar un discurso más fuerte a nivel internacional para establecer un fondo, y no hablo aquí del Fondo Verde del Clima o del GEF, ni de financiamientos que ya existen a nivel internacional.

Hablo, más bien, de un fondo que realmente se convierta en una iniciativa que promueva un mecanismo de facilitación, no solamente de recursos financieros, tanto públicos como privados, sino también de facilitación de la capacitación del recurso humano nacional para apoyar a los países a construir esa capacidad necesaria para hacer las transformaciones para cumplir con el compromiso del Acuerdo de París.

Es un desafío enorme, pero tengo la esperanza de que en esta reunión en Madrid surgirán iniciativas en esta dirección.