THE OFFICE es una serie, cuya idea, nació con estrella en el seno de la BBC de Londres. Ahora su humor ácido fue adoptado por la señal de FX.
En Estados Unidos, cuatro de cada cinco programas de televisión no llegan a ganarse las simpatías del público, y terminan en el fracaso de los mundos creados y olvidados. Con estas cifras, parece que a los ejecutivos de las grandes cadenas les iría mejor jugándose, en fichas de casino, los chumicos invertidos en televisión.Por ello, una idea con estrella se busca como el cáliz sagrado, incluso si para obtenerlo hay que importarlo de ultramar.Este fue el caso de The Office, la comedia creada por la BBC de Londres y que ahora estrenó su adaptación estadounidense en la cadena Fox, y de la cual ya nos habíamos referido, en su versión original, en unos párrafos hace algún tiempo.La serie parte de la premisa de un equipo de documentalistas anónimos que filman una pieza sobre la vida en la oficina de ventas de una empresa papelera. Pugnas de poder, hipocresías y romances frustrados forman parte de las vivencias de los protagonistas de esta comedia, la cual se desarrolla exclusivamente intramuros.Hay que aceptar que es un buen refrito, con los matices adecuados para reconocer los buenos valores de la original pero que también adapta los elementos necesarios para no convertirla en una copia al carbón.Dicen que es más difícil descubrir por qué un personaje es divertido y generar empatía con él, que identificarse con un personaje trágico. Es por ello que es más rentable crear dramas que comedias, pues, en estas últimas, el espectador necesita más tiempo para llegar a conocer a los personajes. Cada nueva serie se juega una carrera contra el tiempo y contra el zapping.En el caso de The Office, vale la pena sacar el rato para tomarle el gusto.