Los senos insuflados parecen haberse clonado masivamente en Hispanoamérica, si es que por la televisión nos guiamos.
Viendo la televisión latinoamericana, más que la lengua, parece que el rasgo de hermandad entre nuestras estrellas femeninas se encuentra una cuarta más abajo. Un rosario de senos nutridos a fuerza de quirófano pueblan las distintas señales de nuestra televisión, desde Cabo de Hornos hasta el sur del Río Bravo.La colección de escotes rebosantes y lustrosos, bronceados y tirantes, tanto que parece que al menor contacto casi fueran a estallar, se repite en las frecuencias de Telefe de Argentina, TV Chile, la XEW de México, evidentemente en la televisión nacional, y en el gran volumen de telenovelas venezolanas, colombianas y mexicanas que llegan por nuestras latitudes.El comentario en ningún sentido va contra las chicas que esculpen su torso, ya no a imagen de la Venus de Milo, sino más bien de Pamela Anderson: que cada cual haga con sus carnes lo que más quiera.Lo que me parece curioso es que el tener pechos frondosos en nuestra televisión latinoamericana parece ser uno, o mejor dicho dos, de los muy principales atributos requeridos para hacer el trabajo de animadora, actriz, modelo y bailarina. Los senos insuflados parecen haberse clonado masivamente en Hispanoamérica, si por la tele nos guiamos.
Cuando oímos que en televisión andan buscando “nuevas caras”, sabemos que, dependiendo del tipo de programa, no necesariamente sean rostros lo que se requiere, ya que la atención visual promovida por generosos escotes apunta hacia otro par de bendiciones.Para llegar a un lugar común, en la variedad está el gusto. Me gustaría que la pantalla de mi televisor mostrara, primero, mujeres talentosas; y segundo, representantes femeninas de cada copa de sostén.