Vivimos una gran efervescencia en la producción audiovisual en el país, en especial de películas de largometraje. Sin embargo, la queja de los productores y directores sigue siendo la poca oportunidad de difusión que tienen sus obras.
Cada estreno viene acompañado –invariablemente– por la incertidumbre sobre cuánto tiempo logrará mantenerse el filme en cartelera.
Sin bien unas pocas salas comerciales del país les han abierto sus puertas, estas se rigen por la cantidad de personas que vayan a verla y en ocasiones los horarios no son los mejores.
Las películas nacionales deben entonces competir, en clara desventaja, con las súper producciones de Hollywood que tienen a su favor, además de los sobrados recursos técnicos, una amplísima promoción a través de los medios tradicionales de comunicación, en cuenta, por supuesto, la televisión.
Facebook ha sido hasta ahora una vía más efectiva, directa y económica para que los cineastas, actores, actrices y demás interesados en la promoción de sus películas, motiven a sus contactos a asistir a las funciones y de ese modo mantenerlas vigentes el mayor tiempo posible. Pero eso no es suficiente.
Como resultado, la enorme dedicación y gran cantidad de recursos empleados en la realización de una película se desvanecen en pocos días sin alcanzar una adecuada y justa difusión que compense el esfuerzo realizado.
Parte del problema podría solucionarse si se contara con la voluntad, por parte de los medios televisivos, de darle la cobertura que merecen los estrenos nacionales.
Hemos visto en esto una gran disparidad. Mientras algunas películas y directores logran un gran apoyo en la promoción de sus obras (en buena hora), otras producciones, a pesar de contar con méritos suficientes, no logran se tomadas en cuenta y pasan, inmerecidamente, con mucha pena y nada de gloria.
Los espacios televisivos dedicados a los espectáculos y la farándula siguen dándole mucho más importancia a las nimiedades de algunos dizque famosos, y no se les ve ni por asomo en la premier de estos filmes.
Pero hay algo que inquieta aún más. Todas esas películas, una vez proyectadas en el cine, quedan en el olvido sin que miles de costarricenses las hayan disfrutado. ¿Por qué entonces no vemos en la programación nacional esas películas? ¿No les parece justa y necesaria la oportunidad de ver en nuestras pantallas de televisión producciones como Eulalia, La Segua, Mujeres Apasionadas, Password, Caribe y algún día Gestación, A ojos cerrados, El último comandante, Tercer Mundo, El Compromiso y tantos otros filmes y cortos cinematográficos que, de otra manera, terminarán en alguna cinemateca como viejos libros que ya nadie puede leer?
Consulté al cineasta Óscar Castillo sobre esta posibilidad y me manifestó que técnicamente es posible. Él fue más allá y sugirió que sea el canal 13, el canal del Estado, el que compre esas producciones, las programe, y contribuya de ese modo a fortalecer y preservar el legado cultural e histórico contenido en estas películas.
Otras ideas más podrían sumarse para darle a la producción audiovisual del país, el empuje que necesita. Agua Fría de Mar, por ejemplo, se proyectó en la playa, en la comunidad donde fue filmada. De ese mismo modo, se podría impulsar la distribución y proyección de estos filmes en comunidades una vez agotada la permanencia en las salas comerciales. 1