Hace mes y medio Mirían Montero, vestido de baño, gorra y anteojos en mano, practica la natación como toda una experta. Pero no siempre fue así. "El agua ni para fresco", decía Montero antes de decidir, a los 60 años, vencer su miedo a nadar para echarse un chapuzón.
Y son miles los casos que como Mirían se aventuran en la natación a edades maduras; pero, también son miles los que aún así no se atreven.
Ello se debe, según expertos relacionados en la materia, a que algunos adultos tienen una fobia específica a nadar. Para poder vencerla, se necesita una actitud positiva hacia el cambio; además, de un aprendizaje progresivo para garantizar así el éxito.
Reconozca la causa
Para el instructor de natación e hidroquinesia (ejercicios en el agua), Sergio García, muchas de las personas que les da miedo nadar como recreación, posiblemente es porque antes no tuvieron la oportunidad de aprender.
"Es común escucharles decir: ëA mí no me enseñaron nunca, por lo cual la falta de contacto con esta actividad causa ese temor hacia algo poco conocido", menciona.
El experto dice que no hay que dejar de lado a aquellas personas que en algún momento de su vida experimentaron un mala situación relacionada con el agua.
Carol Garita, psicóloga, sostiene que el temor al agua puede ubicarse dentro de los trastornos de ansiedad o fobia específica hacia la natación.
"Lo que provoca como cualquier otro trastorno ya sea a las alturas o a practicar otro deporte es una sensación fea, que paraliza al sujeto y le impide realizar la tarea", asegura Garita.
La clave para ambos expertos es que la gente entienda que es un temor como el que podría sentir en otros ámbitos de su vida. Un miedo hacia algo desconocido.
Brazada a brazada
Tal vez la natación se diferencia de otras disciplinas deportivas, en que es un ejercicio ideal para el desarrollo cardiovascular y muscular; además, es utilizado como parte de terapia física y mental para las personas. (Vea recuadro).
De ahí la importancia de practicar dicho deporte. A diferencia de los niños, quienes están más abiertos para aprender a nadar, los adultos llegan con una serie de temores.
"Vienen a clases con vergüenza, porque están pasaditos de peso o tienen varices. A ello se le suma, el terror de sentir su cuerpo dentro del agua", manifiesta Marielos Ruiz, instructora de natación en el Colegio de Ingenieros Agrónomos.
Según Ruiz, cuando es necesario, se empieza con el nivel de un niño: sentados a la orilla de la piscina y metiendo los pies en el agua, hasta que se vayan familiarizando.
El practicante debe sentirse a salvo, que no se le obliga a realizar situaciones críticas de una sola vez.
Para ello, es conveniente que a la hora de aprender a nadar lo realice bajo la tutela de un instructor especializado.
Cuando la persona se decide y entra al agua, se requiere un proceso paulatino que le brinde las destrezas requeridas.
Los avances se ven incluso a corto plazo, siempre y cuando el interesado se lo proponga.
Sin embargo, no puede pretender (el practicante) alejar el miedo a consumirse o a no tocar el suelo de la pileta de una sola vez.
El instructor debe llevar a cabo aproximaciones sucesivas con sus alumnos, según dice Garita.
"Es bueno, por ejemplo, que la persona dé un recorrido por el espacio físico donde está la piscina", agrega.
Puro bienestar
Aparte de ser un ejercicio de sana recreación, la natación ayuda a la gente a recuperarse de las lesiones.
Tal es el caso de Nacira Montero, quien ya cumple un año y medio de practicar la natación por sugerencia de su médico. Nunca imaginó que debía vencer su miedo al agua para mejorar su salud.
"A mí me operaron de la columna y realmente puedo decir que me siento muy bien. A veces vengo con dolor, pero al terminar la clase estoy muy relajada", puntualiza.
Nacira y Mirían han perdido su miedo. Empezaron a nadar de "perrito", ahora sus cuerpos se deslizan ágilmente en el agua.
Lo peor que les ha pasado desde que nadan es que se les meta el agua por la boca, y, pensándolo bien, eso no es un gran problema.
Nadar por salud
Ya sea por iniciativa propia o por recomendación médica, la natación puede agregar a su salud muchas ganancias:
Al nadar se desarrolla la resistencia cardiovascular.
Fortalece los sistemas óseo y muscular.
Contrarresta dolores de espalda, problemas por varices.
Sirve como terapia física cuando la persona ha sufrido alguna lesión.
Ayuda a desestresar a quien lo practica, a las personas con depresión, ya que es ideal para la relajación.
Fuente: entrevista con los instructores Marielos Ruiz y Sergio García.