
“Un ‘taxi’ con piernas”
“Era alumna del liceo de señoritas Anastasio Alfaro, y la casa de la directora, doña Victoria Garrón de Doryan, estaba ahí mismo. Con mis compañeras Teresita y Nacira, jugábamos en los recreos de que yo era taxista y ellas dos, pasajeras. Un día, se me ocurrió ir a parquear el taxi en la cochera de la casa de doña Victoria. Puse marcha atrás e ingresé despacio. Cuando había parqueado bien al fondo de la cochera, escuché la voz del doctor Doryan que decía: ‘¡Señoritaaaa!’. Sentí la muerte... Mis amigas soltaron la carcajada porque no me avisaron que el doctor estaba detrás mío, viéndome”.
‘Un 5 por piromaniacos’
“Cuando cursaba mi quinto año en el colegio Seminario, varios compañeros reunimos dinero para comprar pól-vora y hacerla estallar en clase. Con fósforos, encendi-mos los basureros que estaban en las esquinas traseras del aula y arrojamos los petardos. ¡Parecía una balacera! Los curas, que estaban haciendo su siesta en el piso superior, salieron despavoridos. Resultado: tres días de suspensión y un 5 en conducta por ‘piromaniacos’”.
“Pato encerrado”
“Una tarde de 1957, en el liceo diurno José Martí, unos compañeros encerraron a un pato en un armario del aula y, estando en clase de español, lo sacaron. Fue un revuelo tremendo: gritos, risas, brincos... y la profesora –quien caminaba lento, como pato–, ni les cuento. Llegó el director y el silencio fue total”.
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