¿Sabía usted que, de haberlo querido sus padres, su nombre perfectamente habría podido ser Diablo Alejandro, Feo José, Rubia Divina, Ojos Tristes o Pisuicas David?
¿O bien Chindasvinto, Felicito, Asclepiodoto, Cacerolo, Pulqueria o Longombardina?
Así es. Y es que, en cuestión de nombres no hay nada escrito... o al menos, nada definitivo.
Es lo que demuestran las listas de inscripciones de viejos y nuevos ciudadanos en el Registro Civil, pues al parecer, la inventiva y la creatividad de muchos padres ha estado, y estará presente, por los siglos de los siglos amén.
Quienes optan por denominar a su vástago con el nombre más insólito jamás escuchado tienen vía libre para hacerlo, pues según el departamento de Inscripciones del Registro Civil, no existen limitaciones en ese sentido y el progenitor o progenitora puede llamar a su hijo como mejor le parezca.
En junio del 2004, este suplemento había hecho un primer abordaje sobre el tema. En aquella ocasión nos guiamos por un correo electrónico que alguien puso a circular y que contenía nombres diferentes y hasta estrafalarios, incluso clasificados por categorías.
Así, supimos de la existencia de personajes de cine y televisión como Maverick, Rambo, Alien, Clark y Macgiver (sic); otros relacionados con tecnología, como Norton, Cisco o Excel; históricos, como Gandhi o Hitler; clásicos como Romeo, Otelo y Hamlet. O filosóficos, como lo eran Sócrates y Aristóteles.
También encontramos astros deportivos de renombre mundial como un Maradona o el mismísimo Shaquille Oneil; así como ciudadanos que honraban con su nombre a monedas internacionales como Dollar o Euro.
Fue así como logramos hablar largo y tendido con Hitler, Rambo, Rocky, Sting y hasta con Judas y Herodes.
En todos los casos, aquellos entrevistados estaban más que satisfechos con sus nombres y explicaron las razones.
Una situación similar se presenta ante una legión de nuevos casos, que no incluyen necesariamente personajes tan famosos como los citados anteriormente, pero que sí provocan, invariablemente, extrañeza en los demás.
En un recuento realizado recientemente sobre nombres atípicos en el Registro Civil, nos encontramos con patronímicos casi impronunciables, al menos para la mayoría de nosotros.
Y es que es un hecho que quienes conviven con estas personas pronto se acostumbran a pronunciar sus nombres o bien, a llamarlos por algún diminituvo que facilite un poco la cosa.
Solo es cuestión de intentarlo con algunos ejemplos: Kycward Aerd, Wgdennier José, Amghjelf, Sharool Jazwinde, Jerovan Mood, Wensner Habacut, Weinnann Stik, Stheisy o Thaguarachi Chaamuura. En todos estos casos, los apellidos son totalmente castizos, y la lista incluye solo costarricenses.
Pero, al igual que hallamos nombres de personajes célebres en el reportaje del 2004, esta vez detectamos que la lista es mucho más extensa.
Existen en el país personas que se llaman Lenon Mcartney, Sylvestre Stallone, Elvis Presley, Elton John, Ray Conniff, Beckenbauer, Michael Jordan, Lady Diana o James Bond.
Esta vez, decidimos abordar el tema desde el punto de vista de los nombres más extraños, o que por lo menos suenan extraños a los demás.
Comprobamos que no todo es lo que parece, y que aunque ante los ojos ajenos algunos nombres pueden parecer ocurrencias de los padres, en la mayoría de los casos hay una historia o, como mínimo, un simbolismo.
Uno de los más llamativos es el de una familia integrada por un matrimonio de artistas plásticos de Cartago y sus cuatro hijos.
Se trata del escultor y pintor Enrique Ramírez y la pintora y estudiante de historia del arte Yolanda Cordero, quienes no solo bautizaron a sus cuatro hijos con nombres hindúes, sino que ellos mismos optaron por modificar los suyos propios.
Hoy, en sus cédulas de identidad, aparecen como Pradyumna y Satya en las casillas que indican "conocidos como".
Casados desde hace más de 20 años, estos artistas se ligaron a la cultura hindú a partir del arte, y hoy esta filosofía simplemente forma parte de sus vidas, y obviamente, de la de sus hijos.
De ello hablan plenamente los nombres de su prole: Yogesvara (varón, 24 años), Radharany (mujer, 21), Nanda Kumara (varón,18) y Pradyumna Dasa (varón,17). Todos de apellidos Ramírez Cordero.
"La primera que objetó los nombres que pensábamos ponerles a los chiquitos fue mi abuela, quien decía que iba a ser un problema cuando entraran al kínder porque los demás niños no iban a poder pronunciarlos bien. Y viera qué curioso, si hay gente con capacidad de adaptación son los niños, porque rápido aprendieron a llamarlos correctamente", cuenta doña Yolanda.
Eso sí, es difícil que se salven de repetir sus nombres y hasta deletrearlos cuando se presentan con alguien o cuando realizan algún trámite en una ventanilla.
"Por ejemplo a Yogesvara, el mayor, casi siempre le repreguntan si se llama Roger. Pero a mis hijos les gustan mucho sus nombres y a mi familia también, tanto que tengo dos sobrinas que se llaman Rohini Kumara y Chandra".
Aunque hasta la fecha esta familia no ha podido viajar a la India, tienen proyectado en un futuro cercano realizar ese periplo y conocer de cerca esa cultura.
Un caso similar al de los Ramírez Cordero es el de los hermanos Monge Valverde: Everest, Sun, Rain, Land y Tibet.
Emilia Valverde, la madre de esta familia alajuelense, explica:
"En realidad quien siempre anda buscando nombres diferentes para nuestros hijos es mi esposo (Guillermo Monge). Esos cinco son los que se llaman más raro, pero en total son 10 hijos y los otros, aunque se llaman de una manera más 'común' , hay unos que también son poco escuchados: Briggitte, Eyleen, Ginger, Esmeralda y Guillermo".
La madre pondera el orgullo porque "nadie" se llama como algunos de sus hijos.
Por su parte Everest, la quinceañera de la familia, asegura que a ella le fascina marcar la diferencia y dice que cuando conoce gente nueva, no hay quién no se extrañe.
"La primera vez que fui al cole todos me decían que qué nombre tan raro y todo el mundo me comenta que así se llama el monte más alto del mundo. En realidad es bonito que nadie se llame como uno".
Uno de los nombres que más llamó nuestra atención fue Or El Centeno Ureña.
Or El. ¿Por qué alguien se llamaría de esa forma?.
El propietario del nombre resultó ser hijo de doña Rita Ureña Galván, una alajuelense que tuvo fuertes razones afectivas para nombrar así a su hijo de en medio, y también Yad El a la mayor y Elí al menor.
"Así los bautizó mi cuñado, Gregorio Stern, por quien sentíamos un cariño inmenso. Él era judío (falleció hace poco) y en vista de la relación que teníamos siempre le pedimos consejo, nosotros no escogimos un solo nombre para ellos", explica doña Rita.
Pero también hay otra razón de fondo: "Queríamos además que los nombres de nuestros hijos tuvieran un significado bíblico, porque somos adventistas. Por eso Yadel, que es la mayor, significa 'La mano de Dios' y Or El, significa 'La luz de Dios'. Elí también tiene un significado muy lindo: 'Dios mío'".
Quien siempre afronta más problemas en la calle por el nombre es Or El. Pero, con todo y la eterna repetidera de sus nombres o la no menos frecuente explicación del significado, al igual que los demás entrevistados los muchachos se muestran muy contentos con sus nombres, especialmente por su sentido de "exclusividad".
Otro que definitivamente no tiene homólogo en el país -y a la larga tampoco en el mundo- es Galileinstein, otro quinceañero orotinense de apellidos Meza Gatgens.
Su madre, doña Dooreen Gatgens, argumenta que la obvia mezcla de los nombres de genios de la ciencia, Galileo y Einstein, fue un invento del padre del muchacho.
"Él es un profundo admirador de Albert Einstein y de Galileo, de la física y de las matemáticas, y por eso, quiso hacer una fusión de esa dos mentes brillantes y ponerle un nombre muy original a su hijo", dice la señora.
Hay quienes creen que el nombre marca al individuo indefectiblemente. Si por la víspera se saca el día, este parece ser el caso de Galileinstein, quien desde pequeño asegura que su sueño es convertirse en astrónomo. Sin embargo, Galileinstein tiene un plan B: su otro anhelo es llegar a ser modelo de pasarela.
"Yo tengo un nombre muy creativo y eso me agrada. He buscado en libros y en Internet y nadie se llama como yo. Claro muchas personas me preguntan de dónde salió mi nombre y yo se los explico. Al final, como les cuesta mucho pronunciarlo, me terminan diciendo solo Gali ", indicó el muchacho, quien este año cursará el octavo año en el Colegio de Orotina.
A manera de anécdota, su madre contó que cuando Gali tenía cuatro años tuvo que llevarlo de emergencia al Hospital Nacional de Niños y ahí el otorrinolaringólogo, sorprendido por el nombre del niño, llamó a otro doctor. "Le puso sobre el escritorio $100 y le dijo: ¿te doy ese dinero si adivinás cómo se llama este chiquito? Obviamente, él sabía que no iba a perder la plata".
Pero, como suele ocurrir en las familias en donde alguien tiene un nombre inusual, Galileinstein no está solo. "Mi hija se llama Surisai, es un nombre extraído de un texto bíblico que significa Jehová es mi roca. Ella también es muy feliz con ese nombre tan curioso", puntualiza doña Dooreen.
La cultura de Japón también dice presente en algunos casos. Así, hallamos a Guit Joo Moya Alvarado, una joven a quien su madre, Yamileth Alvarado, bautizó así en honor a una amiga japonesa que conoció mientras estudiaba en una academia de belleza.
"Cuando quedé embarazada decidí buscar un nombre bien original, y escogí primero Guit-Joo. Luego nació la otra y a ella le puse Sue-Lyn", narra la mamá de las muchachas.
"Es cierto que a la gente lecuesta mucho pronunciarlo. En la familia es donde más problemillas hemos tenido, porque hay algunos parientes a quienes no les agradó mucho la idea, otros las pasan vacilando y cuando las ven les hablan en chino", comentó la mujer, vecina de Caballo Blanco, en Paraíso de Cartago.