Limón. Nadie movió el cuerpo al ritmo de las comparsas por las calles limonenses. La mayoría se quedó en el corredor de su casa refrescándose. Otros se enrumbaron hacia las playas.
Este año, el carnaval fue sustituido por una maratónica. El fin: destinar los fondos a tres familias cuyas casas destruyó el fuego el 6 de octubre pasado.
Muy poca gente se sintió atraída por el calipso que salía de los parlantes instalados desde las 11 a.m. en el bulevar, ubicado en el malecón.
La música no movió de los asientos del parque Vargas a los caribeños. A diferencia de otras ocasiones, ayer no hubo venta masiva de cervezas, ni chinamos que le dieran la apariencia de turno a esta fiesta, que data de 1948.
La epidemia de dengue que azota a la provincia desde agosto hizo que el 8 de setiembre el Ministerio de Salud prohibiera rotudamente la realización de los festejos. En 1991, el terremoto que sacudió a la zona impidió que se efectuaran y, en 1992, la alerta por el cólera canceló por segundo año consecutivo la actividad.
Hay otra razón que impidió los desfiles de ayer: la construcción del nuevo acueducto (el anterior fue destrozado en 1991 por el terremoto) ha deteriorado las calles. En tales condiciones sería imposible bailar. El centro de Limón está hecho una polvareda, con visibles marcas de perforación en el asfalto.
Pese a todos los escollos con que ha topado esta vez la tradicional fiesta, hay intenciones de realizarla durante la última semana de noviembre y la primera de diciembre, comentó la gobernadora de la provincia, Marta Johnson. Según la funcionaria, la comisión organizadora pretende efectuar la actividad en Cieneguita. Esto --adelantó-- sería imposible pues es un barrio muy peligroso.
Grietas culturales
Esta explosión de movimientos afrocaribeños, traídos al Caribe costarricense hace 47 años desde Panamá por Alfred Henry King se mantiene aún viva en la sangre negra. Pero a muchos les preocupa la pérdida de la tradición.
"No queremos perder nuestras costumbres, pero esta vez el 70 por ciento de los habitantes no estamos de acuerdo con los carnavales; hay mucha incerditumbre en las familias por el conflicto con las estibadoras", comentó Johnson.
Mientras esa situación angustia a la funcionaria, a varios limonenses entrevistados les molesta que en los últimos años, el carnaval se haya convertido en un negocio para un pequeño grupo.
"Antes instalábamos puestos alrededor del mercado. Hoy en día se ha comercializado tanto que el propio limonense ni siquiera puede vender su rice and beans", relató Dennis Sterling, director de la comparsa Los Brasileiros.
"La esencia primordial se perdió. Se ha convertido en un gran turno, una guarera que nos frustra", consideró Marvin Wright, presidente del Partido Auténtico Limonense. Para levantar esta manifestación cultural, es necesario hacer cambios estructurales en la organización. Además, crear un lugar idóneo, donde chinos, negros y blancos liberen su energía en una celebración colectiva, concluyó.