“Vio, vio, se lo dije. Se nos hizo ”, aquella era la frase común unos minutos antes de que dieran las 10 p.m. Como de milagro la lluvia torrencial del viernes se había detenido. Afanados unos tipos secaban la tarima del estadio Ricardo Saprissa y atrás, hasta una Luna con cara de nueva, iba asomándose como para adornar aquel cielo que tanta agua había dejado caer durante casi dos horas y media sobre unas 15.000 personas ahí reunidas.
Parecía como de cuento: todo entraba en orden y era como si en Tibás jamás hubiera pasado gota ni rayo alguno.
Mojarse no era el problema, quedar como que uno se había metido a la ducha con todo y ropa...eso sí que era bronca. Lo que desde el cielo caía no era una lluviecita que pueda parar una capa o sombrilla alguna, aquello era un mar de agua rompiendo sin pudor sobre las cabezas. Digamos, que hasta dolía.
En la gramilla lo que corrían eran ríos de agua llovida, ¿cual look ? Los cabellos bien planchados, el maquillaje correcto, la blusa bonita para ir a ver al galán quedaron primero, bien lavadas; segundo bien escondidas entre las capas desechables que se volvieron objetos preciosos en el lugar.
El Saprissa parecía una paleta de colores: entre sombrillas estampadas y lisas y capas rosadas, azules, verdes, transparentes. Pero ¡qué capacidad las de las fans ! No se movían de sus asientos ¿amor a Chayanne o aprecio a lo que habían pagado por el boleto (¢50 mil o ¢25 mil en algunos casos). Quizás era la locura por el boricua, porque hasta se acongojaban de pensar que por la lluvia su Chayanne no saldría a cantar. “¡No, no jamás!”se decían algunas entre sí.
¿Cuál telonero? ¿Sería tanta agua una prueba de amor? pero con los teloneros nacionales fue muy cruel doña lluvia.
A las 8:55 p.m. la producción comunicaba oficialmente a la prensa que Escats y Arnoldo Castillo no podrían actuar.
La orden vino desde el equipo de producción de Chayanne para poder secar el escenario y que el show del puertorriqueño se diera como estaba diseñado: con piruetas, bailarines, saltos y demás. Todavía a las 9:30 p.m. llovía y el tiempo ponía nervioso el reloj de los productores y los organizadores.
Así, el Saprissa se quedó sordo con respecto a Recuérdame , Tu nombre y Llanto del alma , por ejemplo, los temas que Escats tenía preparados. Pero bueno, quienes llegaron desde temprano pudieron al menos escuchar un pelín de Escats porque el grupo hizo la prueba de sonido con el estadio ya casi lleno: eso fue a las 7:15 p. m.
Al menos por cortesía con el público, y con los artistas nacionales, alguien debió haber tomado el micrófono y anunciar el cambio, pero parecía que el agua había “atarantado” a todito el mundo.
El divino. Cuando las luces del estadio se apagaron comenzó a generarse el grito, que fue absolutamente ensordecedor para cuando en el escenario apareció el hombre por el que tanta penuria se había pasado: Chayanne.
¡Qué escenario! Toneladas de equipo, dos rampas en el centro, un diseño de semicírculos arriba y abajo con luces de alta tecnología y que a veces proyectaban palabras como ¡Ole! Y al centro una pantalla gigante por donde pasaban imágenes bien “craneadas”, filmadas y producidas para hilar el show .
Primero en aquella pantalla aparecieron referencias a los cuatro elementos: aire, fuego, agua y al decir tierra entró Chayanne.
Y tu te vas fue lo primero que expulso de su boca. Apenas si hizo ademán de levantar su mano como para saludar cuando las miles de fans ya tenían arriba las de ellas agitándolas en tremendo “¡hola!”
El segundo tema fue para verlo bailar, uno de sus encantadores atributos, e hizo un juego al estilo de la sombra de Peter Pan: en un momento su silueta que aparecía en la pantalla se independizó del movimiento que él llevaba y bailaba por su cuenta. Fino trabajo de producción audiovisual.
Con el tercer tema casi se cae el estadio: Salomé . En este tema entró un cuerpo de bailarines, exactos en sus movimientos como un reloj. También comenzó la faena de celos: cuando alguna de las dos bailarinas se le acercaba peligrosamente de entre el público se escuchaba “¡qué le pasa, no lo toque vieja...!”
Pegadito a Salomé apareció Boom, boom y entonces el concierto iba convirtiéndose en una cosa alegre y bailable en la medida que la apretujazón lo permitía.
Pero cuando entró con Yo te amo aquel estadio no paraba de cantar y de llenarlo de cumplidos: “”Dios mío, pero qué hombre!”, “¡ay Dios!”, “¡rico, divino, salvaje!”
Y el estadio no paraba de cantar a cada tema que Chayanne proponía. El coro era tan grande, gigante, que seguido, él debía quedarse callado y sacaba esa gran sonrisa suya que provoca tantos gritos como cada movimiento suyo.
No hubo canción que no fuera bien recibida, que No te preocupes por mí , Antes de dormir , Candela medio abachatada por cierto.
Ni que se diga cuando le habló al estadio dándole las gracias por haber sido Costa Rica un país que: “me vio crecer”. Agradeció a amigos de siempre, entre ellos el conductor de televisión Nelson Hoffman y lanzaba besos al público que le respondía de la misma forma. Ropa interior y hasta bufandas le lanzaban y él soltaba su risota.
Casi provoca infartos masivos cuando salió descamisado y se llevó más de un “reproduzcámonos, embarázame!”
Con Fiesta en América aquel estadio parecía que se iba a caer de tantos saltos.
Y conmovió cuando al presentar Si nos quedara poco tiempo dijo que era una de sus canciones favoritas porque hablaba de como el amor es un jardín al que hay que regar para que las flores no mueran.
Chayanne bailó, saltó , se tiró del escenario en más de una ocasión para correr por el espacio que separaba el escenario de entre aquel público hormonalmente loco.
Cuando hizo Tiempo de vals y bailaba con el pie del micrófono como si fuera una nena más de una se agarraba la cabeza.
Dejaría todo fue muy coreada y hasta saludo a su amigo Migue, un exLos Chicos, que viajó con él al concierto de Tiquicia.
Y después de más de hora y media de cantar con Torero se despedía y el gentío le gritaba: “¡noooo!”
Por supuesto, él regresó con Te echo de menos en la boca.
Se volvió a ir, pero todas sabían que si se lo pedían a gritos volvería. Y así lo hizo para cerrar, definitivamente, con Provócame .
Nadie esa noche obviará su frase final antes de desaparecer del escenario: “con esta lluvia nunca se me olvidará este concierto”.
Así, a las 11:45 p.m. Chayanne se iba como entró: envuelto en gritos y saludos de manos arriba. La masa humana de mujeres que abandonaba el Saprissa caminaba como en un nube. ¿Tendrían ganas esa noche de otro galán que no fuera aquel encantador Chayanne?