En una de sus escasas visitas a Los Ángeles, Woody Allen asistió el viernes al estreno nacional de su comedia más reciente, Deconstructing Harry, película que inauguró la última Mostra de Venecia.
Tras una breve incursión en la comedia musical con Everyone says I love you, el prolífico cineasta neoyorquino regresa a su género habitual con este sofisticado largometraje que mezcla hábilmente ficción y realidad, del que también es guionista y principal protagonista.
Con un reparto estelar formado por Robin Williams, Demi Moore, Billy Cristal y Elisabeth Shue, entre otros muchos famosos, Deconstructing Harry es la historia de un escritor de mediana edad pero inmaduro, Harry Block (Woody Allen), y su tumultuosa vida sexual.
En una situación similar a la de Fresas salvajes de Ingmar Bergman, todo gira alrededor del viaje que Harry debe realizar a una universidad que le ha concedido un premio y la búsqueda de alguien que lo acompañe.
Algunos dicen que la vida de Harry Block, que ha tenido tres esposas, seis psiquiatras e incontables amantes, se parece un poco a la de su creador, uno de los blancos preferidos de la prensa amarilla tras su conflictiva separación de la actriz Mia Farrow en 1992.
Woody Allen, de 61 años, intentó en vano hasta el último momento conseguir que otro actor aceptara ese papel, pero al final tuvo que utilizar su último recurso e interpretarlo él mismo.
"No hay duda: creerán que soy el personaje, pero piensan eso de todo lo que hice. No me importa. Esta es una de las maldiciones o bendiciones de lo que hago", declaró el pasado mes de noviembre a The New York Times.
Corrosiva y compleja
Deconstructing Harry es corrosiva, compleja, hiriente y autorreveladora; también es muy divertida, la mayor parte del tiempo", escribió uno de los críticos del semanario Variety, antes de precisar que es la película "más verde" del neoyorquino desde Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo.
Además de Nueva York, donde sus películas son generalmente bien acogidas por la crítica, Allen debe su éxito a las audiencias europeas.
En Estados Unidos, sus tres últimas obras (Balas sobre Broadway, Poderosa Afrodita y Todo el mundo dice "Te amo") recaudaron un promedio de $10 millones, apenas un poco más que en Francia, país donde se le profesa verdadera adoración.
Tras estos "fracasos" (si se aplican los criterios hollywoodenses), Allen vendió por primera vez la distribución nacional de una de sus películas a la empresa Fine Line Features, que tendrá al menos garantizada la fidelidad del público habitual.