La Nación, Argentina.
Es más serio, más oscuro, más pesimista de lo que se podría imaginar. Woody Allen, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, el creador de varias decenas de obras maestras, cree que la vida se divide entre lo miserable y lo horrible, que es una tragedia y que con la muerte todo acaba. Nada hay más allá, cree saber. Y eso lo fastidia.
Pero es este mismo Woody Allen el que sigue creando gags desopilantes, el que escribe y filma al menos una película de calidad por año. La últimas han sido Melinda y Melinda y Match Point, y el cineasta ya alista una comedia que se empezará a filmar en julio en Londres.
Allen concedió una entrevista de una hora y media en Nueva York, en su cine privado, el Manhattan Film Center, que armó en la zona más exclusiva de la ciudad, en el cruce de Park Avenue y la calle 63.
Es el mismo Woody Allen, el de las gafas que son su marca registrada, el obsesivo e hipocondríaco, el admirador de Ingmar Bergman y el lector confeso de Jorge Luis Borges. Pero está distinto, más viejo.
Cumplirá 70 años en diciembre y no le encuentra a eso un aspecto positivo, sino uno risible. "¡Odio ponerme viejo! No te pones más sabio, ni más tranquilo, ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente ni a las chicas les da por la ternura... ¡Nada de eso!", dice, y ríe. Y cuando replico que se lo ve muy bien, aparece el Woody que todos esperamos: "Bueno, gracias... (calla unos segundos) ¡Salvo que tenga algo y que aún no lo sepa!", responde "Pero no soy hipocondríaco, ¿eh?" Y ríe, cómplice, otra vez.
¿Usted se siente satisfecho con sus películas?
Siempre he tenido una confianza extrema mientras escribo. Luego, cuando filmo, me siento más o menos cómodo, y después, cuando edito y veo lo que he hecho [chasquea sus dedos] toda mi confianza se desvanece. "¡Mi Dios! ¿Qué hice? ¡Tenía una percepción maravillosa... y grabé esto!", pienso, pero no puedo tirar todo a la basura. Hago lo mejor que puedo cuando edito la película y me la saco de encima. Entonces entra la audiencia y a veces les gusta la película y a veces no, pero nunca saben lo que yo tenía en mente. A veces me gustaría decirles: "¡Ustedes no se dan cuenta de la idea maravillosa que tenía y de cómo la arruiné! ¡Solo han visto el 50 por ciento, el 20 por ciento de mi idea!" Si solo pudiera rehacer mis películas, realmente podría hacerlas mejor. Así que, no, nunca quedo feliz. Solo una o dos películas me dejaron satisfecho en toda mi vida y no pienso decir cuáles son.
¿Pensó en filmarlas de nuevo?
No es tan fácil. Trabajo con un presupuesto muy bajo para los estándares de la industria.
Pero lo notable -y, para usted, lo halagador- es que, aun con sus bajos presupuestos, los actores quieren trabajar bajo sus órdenes...
Bueno, sí, si los atrapo en el momento correcto. No van a trabajar en mis películas si algún otro les dice al mismo tiempo que les pagará diez millones de dólares, porque nosotros le damos el mínimo absoluto, mil dólares por día, cinco mil dólares por semana, cuando en otros filmes cobran fácilmente un millón de dólares por semana. Pero si cuando los llamo están en sus casas y les atrae el guion, entonces dicen que sí, que harán la película.
Usted ha recibido toda clase de reconocimientos. ¿Aun así los estudios no confían en usted?
No, no confían. Quieren sentir que participan en las filmaciones y estar seguros de que sus inversiones son seguras. No les agrada sentir que le entregan dinero a una persona a la cual no le importa lo que piensan o quieren. ¡Quieren ser parte del proceso, y yo no quiero !
¿Aún siente que en Estados Unidos no entienden sus películas?
Nunca he tenido un gran público aquí, ni siquiera cuando ganamos el premio de la Academia a la mejor película [con Annie Hall ]. Ha sido una constante en mi vida. Cuando era comediante en los cabarets, los críticos me amaban, pero muy poca gente venía a verme. Me promocionaban en Las Vegas y nadie venía a mi espectáculo. Hice televisión y lo mismo: muy bajo rating . Y mis películas tienen siempre audiencias muy pequeñas, más bajas ahora.
¿Por qué?
Quizás a través de los años he hecho demasiadas películas y [sonríe] algunos de mis fans han muerto, lo que es predecible después de tantos años en este negocio. Además, la gente no va tanto al cine y prefiere alquilar películas, y los cines ofrecen menos variedad. Las películas estadounidenses son poco interesantes y los chicos ven cosas estúpidas, que no promueven una fermentación intelectual.
Usted pasó de la comedia al drama. ¿Refleja esto la evolución de su visión sobre la vida?
Como artista me siento más cómodo en la comedia, que me surge más naturalmente, pero como ser humano pienso que la vida es una experiencia muy triste y trágica. Por supuesto que tiene momentos cómicos, pero la vida es tragedia.
Sí, sin duda es cierto. La vida puede ser horrible. Y si tienes suerte, tienes éxito, tienes hijos, un buen trabajo, salud, una mujer que te quiere y todo lo demás, aun así al final envejecerás y morirás. Tus hijos y tu esposa también morirán con los años, y no importa qué hagas, desaparecerátodo rastro tuyo.
¿Entonces cómo lidia con la idea de envejecer? Usted cumplirá 70 años en diciembre próximo.
¡Gracias por recordármelo! ¡Odio ponerme viejo! El envejecimiento no viene con cualidades redentoras que compensen los problemas: no te pones más sabio ni más tranquilo ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente, ni a las chicas les da por la ternura. ¡Nada de eso!
¿Qué lo asusta de envejecer?
El deterioro y la muerte. Hacemos todo lo posible por negar que van a pasar. En mi caso, me encanta trabajar y me resulta terapéutico, como cuando a un viejito lo ponen a tejer cestos. Trabajo porque me ayuda. Si luego la gente va a ver lo que hago, me hace más feliz, pero si no van, ¡me importa nada mientras pueda seguir haciendo películas!
¿Siente usted que conoce cómo piensan las mujeres?
Las encuentro más grandes que los hombres. Son más civilizadas, gentiles, interesantes y divertidas porque son más complicadas y emocionales.
¿Cómo definiría a la mujer?
Como el género superior. Aun si incluyo a madre y a mis exesposas, porque he tenido muy buenas relaciones con ellas. Mi primera esposa era brillante. Sigo siendo muy amigo de mi segunda esposa, y mi tercera esposa... bueno, sigo casado con ella. Todas ellas han hecho grandes contribuciones a mi vida.