Para La Nación
Tratándolo personalmente no hay una gran diferencia con el Woody Allen que conocemos en el cine. Y aunque no tenga la neurótica característica de algunos personajes suyos, más allá de las canas que marcan el paso del tiempo, mantiene la misma forma de hablar, el mismo peinado y hasta conserva los mismos anteojos de siempre, escapándose de cualquier tendencia de moda.
Después de todo, su estilo de cine tampoco sigue ninguna moda determinada. Es por eso que inevitablemente se diferencia del resto de los directores, ya que siempre es él: Woody Allen.
Desde su punto de vista, ¿qué es lo diferencia tanto de otros directores de cine?
Yo no tengo la paciencia para hacer películas en la forma que se filma generalmente. Filman una escena y la repiten desde un ángulo y desde el otro y así pasan todo el día, en una escena que se puede lograr en dos horas. Se pone la luz, se filma y listo. A los actores les gusta la idea de no filmar lo mismo 25 veces y también les gusta morder cinco o seis hojas de diálogo en vez de pequeños pedacitos.
¿Se siente parte de la industria de Hollywood?
Yo siempre me sentí un poco afuera porque mis películas las hacía en Nueva York en vez de Hollywood. Siempre trabajé con un presupuesto muy pero muy bajo y también filmé con mucha libertad creativa y esa no es la fórmula típica de trabajo. Siempre quise ser director de cine extranjero y por extrañas circunstancias me convertí en uno. Descubrí que consigo mejor financiación en Europa y por eso filmé una película en Inglaterra. Ellos no quieren leer el guión, no les importa quien la protagoniza. La situación es maravillosa, por eso trabajé en Londres y en España.
¿Cuando filmó en Estados Unidos no tenía las mismas libertades que hoy tiene filmando en el continente europeo?
Tuve mucha suerte y me siento un poco un estafador porque pasé toda mi vida en el cine americano y siempre tuve una libertad artística completa. Total. Nadie lee mis guiones. Nadie dice una palabra sobre el elenco que elijo. Siempre tuve el corte final. Y la gente cree que bromeaba cuando yo siempre dije que lo único que hay entre la grandeza y yo, soy yo mismo. No tuve ninguna excusa para lograr un gran trabajo. Nunca pude culpar a nadie porque tuve la libertad que cualquiera pretende, siempre y cuando pudiera trabajar con mi presupuesto limitado.
¿Cómo logra filmar una película con apenas $15 millones? ¿Nunca lo tentaron para filmar una de $100 millones?
- Es increíble, pero yo tengo que sudar todo el tiempo para conseguir $15 millones para hacer una película. Con tan pocos riesgos no voy a dejar en bancarrota a nadie, no puedo perder todos los $15 millones. Puedo llegar a perder 12, pero no todo (dice riendo). Y tampoco es una perdida total, con los DVDs, casi quedan iguales. Pero el problema es que tampoco gano demasiado y ellos quieren ganar a lo grande. Si van a arriesgar dinero, quieren ganar $50 millones o $90 millones por cada 100. Y usualmente no lo puedo lograr porque tengo un público más selecto. Y ellos no quieren hacerlo. Mientras yo pueda trabajar por mis $15 millones y transpire a lo largo del camino, entonces yo sigo libre.
¿Desde el ataque terrorista en las torres gemelas de Nueva York cambiaron las historias de la ciudad? ¿Es posible recuperar el humor de Woody en Nueva York?
Ya me lo habían preguntado al día siguiente del ataque del 11 de setiembre. Si te hubieran tirado en Nueva York antes de aquel día y te tiran hoy, no notarías diferencia. Irías al Madison Square Garden, irías al teatro, irías a los restaurantes. Pero todos pensaron que después de ese día Nueva York se iba a convertir en un lugar lleno de tensión. La gente se la pasaba preguntándome si Nueva York podía volver a ser divertida otra vez, si se había muerto el humor y yo insistía “Cuando veas a Nueva York dentro de un mes, no vas a notar la diferencia”. Es exactamente lo que pasó.
¿Es cierto que nunca termina los guiones y durante la filmación los sigue cambiando todo el tiempo?
Sí, porque yo escribo acostado en la cama, en casa. Y no tengo idea del mundo real en términos de lo que escribo. Después cuando llego y veo que cierto lugar no es adecuado y que hay otro mejor lo cambio, lo mismo pasa con los actores. Hay muchos factores que se diferencian del mundo real.
¿Es verdad que también deja bastante espacio para la improvisación en sus guiones?
Los actores como, por ejemplo, Colin Farrell tienen su propia forma de decir las cosas, sus propias observaciones que nunca podrían decir mis personajes. Cuando todo se incorpora, la película va creciendo a medida que la vas filmando. Y por supuesto, siempre insisto que los actores improvisen o inventen lo más que puedan porque sus contribuciones siempre son buenas o mejores que las mías, porque sienten el personaje más vivo que yo, cuando solo existen en mi mente.
Otra de las características de sus filmaciones es la rapidez con que trabaja. ¿Es impaciencia? ¿No le gusta buscar más opciones repitiendo más tomas de la escena?
- Voy a burlarme de mí: no soy un director de cine dedicado. Soy perezoso. Y para mí, hacer cine no tiene que abarcar toda mi vida. Por eso me gusta terminar una película rápido. No tengo la paciencia para ensayar con actores. No tengo la paciencia para filmar escenas diferentes. Quiero filmar y volver a casa para seguir con mi vida. Así que me levanto en la mañana, arreglo una escena y cuando llegan todos la filmo y si lo hacen bien, no veo ninguna razón para ir más allá de un par de tomas.
¿Como surgió la idea de filmar la nueva película Cassandra's Dream ?
Se me había ocurrido que podía haber alguna historia sobre una tragedia familiar con dos chicos buenos. Me pareció interesante que la familia tuviera un tío que era generoso con ambos, alguien con mucho éxito que les había dado todo. Y cuando se enteran que el tío va a verlos personalmente, cada uno tiene un favor para pedirle. Los dos quieren algo de él. Pero resulta que es él quien les termina pidiendo algo y los lanza en una situación que termina en tragedia.
¿Y desde su lado como espectador, cuál de todas sus películas le gusta más?
Estoy más orgulloso del hecho que siempre di lo mejor y que nunca dejé de pensar en el público. Nunca sentí que la audiencia podía ser explotada para que yo pudiera hacer dinero con algún proyecto o que son estúpidos y pensarán que algo es divertido. Siempre pensé que el público era tan inteligente como yo y en la mayoría de los casos, mucho más inteligente. Y cuando fracasé – y ciertamente fracasé bastantes veces – no fue por falta de pruebas.
- ¿Pero le gusta volver a ver viejas películas suyas como Annie Hall o Manhattan ?
Nunca. Filmé Take The Money and Run en 1968 y nunca la volví a ver. Desde aquel entonces no he visto ninguna otra. Sé muy bien que solo puedo agravar las cosas si las volviera a ver porque lo bueno que tienen es por lo que me pagaron y no puedo cambiar lo malo. Solo podría sentarme a pensar lo tonto que fui al notar cierta falta de cuidado que tuve o lo inepto o estúpido que era cuando hice una mala escena. Si solo pudiera hacerla de nuevo... pero no puedo. Solo empeoraría las cosas, de verdad, y yo estoy comprometido con el cine para siempre.