
GDA/El Tiempo/Colombia
El cantante salsero Willie Colón se despidió el viernes de Colombia. Ya no volverá a dar conciertos, porque quiere que su voz de protesta, esa que siempre expresó en sus canciones, ahora sea más fuerte en el campo político.
Colón es asesor en asuntos de los latinos del alcalde de su ciudad, Michael Blomberg.
Hijo mayor de una familia de inmigrantes puertorriqueños, que completaron con él su tercera generación en Estados Unidos, Colón creció en el Bronx, una zona “dura”, como él lo llama. Allí la marginalidad y la violencia permearon toda su música, que fue la salida creativa que encontró para no dejarse devorar por su medio.
Tras 40 años de reconocimiento y vida pública, ¿qué les dice a sus aficionados, que lo extrañarán?
Que yo también los voy a extrañar, porque esas dos horas que paso en la tarima es lo más sabroso. Ahora paso por pruebas de fuego con las medidas de seguridad en todos los aeropuertos y tengo una agenda muy apretada.
¿Qué lo motiva a dejar su vida artística?
Quiero dedicarme a otras cosas. Si no las hago mientras este fuerte y lúcido, después me será más difícil. Quiero documentarme para escribir varias historias que se tienen que decir y que los latinos no están contando. Hay que luchar contra la estigmatización de nuestra raza.
Usted nos vendió la idea de que era el malo más malo y fue el malo más bueno de la salsa...
Bueno, sigo siendo malo, pero en otros aspectos. El espíritu rebelde sigue vigente como cuando era muchacho. Pero ya no es tirando piedras, ahora es desde otro punto de vista.
¿Por qué ese compromiso político y contestatario se expresó a lo largo de toda su carrera?
Tuve que aprender cosas del mundo de los hombres muy rápido por ser pobre.