
Marcela Quirós
Cuando se les pregunta que cómo empezó todo, Aurelia Trejos toma la palabra para cederla a su compañero: "Dionisio cayó antes que yo".
Él por su parte, atribuye a la lejanía la génesis del grupo en el que han invertido 25 años de sus vidas. "Me fui muy pequeño a Venezuela y cuando volví me encontré con la realidad de que no conocía la identidad de mi pueblo, ese vacío me había generado una preocupación", afirma Dionisio Cabal, compositor investigador y director del grupo.
La luz la encontró cuando conoció a costarricense Emilia Prieto, folclorista, pintora y escritora quien llevaba años explotando el alma nacional desde un punto de vista humanista y artístico.
Trejos, quien en ese momento era actriz de la Compañía Nacional de Teatro, y Dionisio se conocieron en una campaña electoral en la que trabajaron. Tras coincidir en intereses, se sumaron a ellos Juan Carlos y Francisco Mena, y luego un año de ensayos hicieron su debut , el 24 de julio de 1980, en la sala de Compañía Nacional de Teatro.
Las críticas cayeron en el momento: ¡¿vender música costarricense?! Ellos dijeron: ¡Sí!. Y aunque no les daban mucho tiempo de vida, hoy llegan al cuarto de siglo, con catorce discos grabados y tres en proceso, varios premios nacionales, entre ellos el Premio Nacional de Cultura Joaquín García Monge (2000), giras internacionales y documentos musicales que ya ocupan un lugar en la historia.
Las actividades de celebración contemplan una gira nacional por 25 ciudades, conciertos en solitario y con artistas foráneos, la producción de un disco doble y un cancionero que reunirá todos los temas escritos por la agrupación.
Cuando empezaron la crítica no les daba dos años de vida...
Dionisio: Sí, nos criticaron el romanticismo, la quijotada de querer sobrevivir haciendo música costarricense cuando las disqueras ni las radios estaban interesadas.
Ustedes producen y graban su material, ¿creen que de otra forma no hubieran permanecido?
Aurelia: Absolutamente, y todavía no hay interés de que se haga de otra manera. Recuerdo que el primer disco lo hicimos con un préstamo de ¢75.000 y el tiraje fue de quinientos acetatos.
D: En ese tiempo en Indica (la casa disquera) nos dijeron que les encantaba el grupo y que si cantábamos música de Mocedades y de Trigo Limpio, nos grababan. Dijimos inmediatamente que no.
¿Su objetivo sigue siendo el mismo después de 25 años?
A: Ese ha sido parte del mérito de Cantares: mantenerse cerrado a otras corrientes, nunca quisimos meter música que todo el mundo cantaba. En eso somos un grupo muy cerrado. No somos un grupo de entretenimiento, somos un grupo que hace cultura.
Sin embargo, otros grupos han optado por popularizar su música con la idea de llegarle a más público. Ustedes prefieren no hacerlo...
D: Cantares ha tenido montajes con respaldos orquestales y grupos de cámara. Pero el sonido nuestro es básicamente el de los grupos testimoniales de América Latina. En algún momento hicimos un intento con la banda La Chayotera (1997), un proyecto que buscaba rescatar ritmos nacionales más populares, pero era un grupo de formato grande y se hacía indispensable conseguir el apoyo financiero y de difusión de radio, por eso no surgió. Eso no quiere decir que no se trabajen otros proyectos "más abiertos". Por ejemplo, tenemos una ópera rock en espera de financiamiento para ser presentada, se llama Tiempo de tiempos de tempestad, ópera rock en homenaje a San Francisco de Asís. Se trata de un espectáculo en el que no hay textos hablados, lleva bailarines, músicos, coreografías, y un grupo acompañante de rock sinfónico.
¿Cuál ha sido el principal aporte de Cantares a la música tica?
A: Abrimos las puertas a la música costarricense desde el punto de vista profesional. Demostramos que hay mercado para la música tradicional. "Hemos recuperado parte de la tradición que estaba a punto de desaparecer: escuchamos a los retahileros, copleros, cantantes de villancicos, los refranes, las leyendas, entre muchas otras expresiones de la tradición oral que de otra forma se hubieran perdido". "Ahora a algunos ministerios han empezado a dar importancia, no a Cantares, sino a los ideales que ha promovido Cantares".
D: A través de la difusión de la memoria de la cultura y de la historia conseguimos darle al pueblo tico herramientas para construir su vida con criterio propio.
Hablan de que se ha logrado una apertura a la música costarricense, también del poco apoyo institucional. Suena contradictorio...
D: A pesar de que no hemos contado con un apoyo institucional permanente, Cantares tiene una agenda de trabajo de unas 140 funciones al año. "¿Quién patrocina?: el pueblo, las asociaciones de desarrollo, los gremios, los pueblos".
A: Con los recursos que ha tenido, Cantares ha sobrevivido, pero no ha hecho dinero.
¿Qué ha sido lo más duro de trabajar con música costarricense?
D: La exclusión de las radioemisoras. El prejuicio sobre la música de identidad nos afectó de manera directa, en especial porque por la radio los muchachos escuchan los temas de la radio y los reconocen. "Hemos suplido eso con trabajo de hormiga. La difusión de Cantares es presencial. Es uno de los precios que se pagan por hacer trabajo independiente".