El teléfono suena en la casa de Rodrigo Zeledón Araya . Faltan solo unas horas para que él viaje a Brasil, pero, antes, el científico costarricense tendrá que echar mano de sus conocimientos para ayudar a una persona: su hijo, quien lo llama para preguntarle cómo puede aliviar el dolor de estómago de sus pequeños.
El mismo Zeledón, ese que está atento a las necesidades de su familia, recibió anteayer la medalla del centenario del Instituto Oswaldo Cruz, en Brasil, uno de los más prestigiosos del mundo en el ámbito científico.
En esa institución el tico obtuvo -en 1955- su posgrado en parasitología, entomología y microbiología médicas. Ahora, como un exalumno "de lujo", obtuvo la medalla en reconocimiento por sus aportes al desarrollo científico y social en el área biomédica.
Nacido en Puntarenas hace 70 años, Zeledón ha dedicado gran parte de su carrera a investigar la enfermedad de Chagas, la cual es producida por un parásito que se localiza en la sangre y el corazón y afecta a una gran cantidad de personas en Latinoamérica.
Sin embargo, su labor no se ha limitado al laboratorio: él fue gestor del Ministerio de Ciencia y Tecnología y el primer ministro de esa cartera, de 1986 a 1990. También fundó el Consejo Nacional para Investigaciones Científicas (Conicit) y ganó el Premio Nacional Joaquín García Monge en 1988, entre muchos otros galardones dentro y fuera del país.
Actualmente trabaja con el astronauta Franklin Chang en el proyecto internacional Chaga Space, que pretende encontrar una cura para el tratamiento de la enfermedad de Chagas.
Antes de partir a Brasil, el pasado martes, Zeledón conversó con Viva.
-¿Cómo nació su vocación científica?
Desde que era un niño me gustó mucho observar la naturaleza, pero esa vocación se vio más clara cuando entré al Liceo de Costa Rica y el profesor de zoología logró que me encantara esa materia. Empecé a estudiar cada bichito que veía y a los 14 años papá me compró un microscopio, entonces me empezó a gustar más lo que no estaba a simple vista. Por eso, al llegar a la Universidad, entré a microbiología, y mis notas eran de diez corrido.
-¿Qué lo motivó a centrar sus investigaciones en la enfermedad de Chagas?
-Cuando llegué a estudiar en Brasil tuve varios maestros que me despertaron gran interés por esa enfermedad y por la leishmaniasis, que es la causada por el Papalomoyo. Uno de ellos me invitó a participar en una investigación en Bambuí, en el estado brasileño de Minas Gerais, y allí encontramos un récord mundial: en una sola casa había cerca de 8.000 chinches de las que transmiten el mal de Chagas.
"Ese trabajo, que me permitió ver cómo actúan las chinches, me motivó a seguirlas estudiando.
- La enfermedad de Chagas es un mal común entre los sectores pobres ¿Le ha permitido esto darle un sentido social a su trabajo?
-En efecto. Para mis investigaciones hemos hecho encuestas casa por casa, y así descubrí que el Chagas ataca más a las personas que viven en lugares con piso de tierra, donde las chinches se ocultan fácilmente. Por eso estoy convencido de que es necesario mejorar la vivienda del campesino y de las personas con menos recursos para detener la enfermedad, y hay que educar a la gente para que aprenda a combatir las chinches.
-¿Qué es lo que más le satisface de la labor que ha desempeñado?
-Es difícil decirlo porque uno se siente satisfecho de todo lo que puede hacer por los demás. Me siento satisfecho por aquellas cosas que me han permitido servir a mi país, pero nada me haría sentir mejor que el gobierno de Costa Rica decidiera prestarle más atención al desarrollo científico.
-Como gestor del Ministerio de Ciencia y Tecnología, ¿qué cree que le hace falta a Costa Rica para tener un mayor desarrollo en esas áreas?
-El desarrollo científico del país depende de una decisión política. Los gobiernos deben invertir mucho más dinero en esa área y crear el ambiente necesario para la investigación.
Si nos limitamos a traer lo que se hace fuera del país y no dedicamos más esfuerzos a hacer lo propio, no solo no vamos a progresar, sino que vamos a retroceder.
-¿Cuál es el mayor reto de los científicos en el nuevo milenio?
-Contribuir al bienestar de la sociedad y a mejorar la calidad de vida de todos los habitantes de su país.
Creo que los costarricenses debemos desarrollar una ciencia autóctona, producir contribuciones científicas que ayuden a resolver nuestros problemas. Yo no tengo complejos de inferioridad, creo que tenemos potencial para convertirnos en uno de los países líderes en el mundo.
-Su currículum es vasto, ¿qué le falta por hacer?
-Cuando uno se involucra con el estudio de un problema, como yo con la enfermedad de Chagas y la leishmaniasis, se siente como en una mina: cuánto más escarba se da cuenta de que va aumentando la cantidad del metal, que adentro hay mucho más. A cierta edad, los científicos nos damos cuenta de que no vamos a poder hacer todo lo que queremos, pues hay tanto por hacer que uno debe conformarse con algunas cosas.
-¿En qué consiste el trabajo que está desarrollando con Franklin Chang?
-Es un proyecto que pretende encontrar en plantas costarricenses algún principio activo para curar la enfermedad de Chagas. Esta es una enfermedad que aflige a unos 20 millones de latinoamericanos, y poder encontrar esa sustancia sería una gran satisfacción.
Yo trabajo en el proyecto con la Escuela de Veterinaria de la Universidad Nacional y apenas estamos empezando, faltan muchos ensayos, pero alguno pegará.
-Da la impresión de que usted dedica cada segundo de su vida al trabajo ¿Dónde han quedado su familia y su tiempo libre?
-Reconozco que mi fanatismo por estudiar y trabajar le ha quitado tiempo a mi familia. He viajado mucho en función de la ciencia, conozco más de 50 países, y ahora trato de viajar más con mi esposa.
Además, yo ya llegué a una edad en que necesito estar más con mis hijos y mis nietos, ahora nos reunimos más y tratamos de mantener la mejor relación posible. Somos muy unidos.