Lo llaman el “ hombre animal” porque es común verlo entre cocodrilos, tiburones, hipopótamos y serpientes peligrosas, pero en realidad el doctor Brady Barr es un experto en reptiles que recorre el mundo para mostrar muy de cerca el comportamiento de criaturas realmente violentas, en su ambiente y en condiciones extremas.
Este herpetólogo es la estrella del programa
Es por esta razón que el rostro de Brady, en nuestro país, podría resultarle conocido a muchos y no necesariamente porque sale en la televisión por cable.
Cada vez que visita Costa Rica –algo que hace de manera frecuente, cuando sus obligaciones se lo permiten– es común verlo, al lado de su esposa y sus dos pequeños hijos (Isabella, de 5 años, y Braxton, de 2), en sitios como Tárcoles y Punta Morales, donde supervisa proyectos relacionados con el cuido y la crianza de cocodrilos, o en Sarapiquí, donde hace cuatro años adquirió una finca y la convirtió en una reserva natural.
De acuerdo con la página oficial de la National Geographic, Brady nació en Fort Worth, Texas, hace 47 años. Fue la primera persona en capturar y estudiar 23 especies de cocodrilos en su hábitat natural y, durante 15 años de carrera, ha viajado a más de 50 países con el único objetivo de experimentar con estos animales y procurar su conservación.
En el 2001 colaboró con el Dr. Paul Sereno, reconocido paleontólogo y explorador residente de la National Geographic, en su esfuerzo por recrear el
Ambos especialistas recorrieron el mundo para estudiar la anatomía y el comportamiento de especies modernas de cocodrilos, buscando datos que les permitieran reconstruir el
Para entonces, Brady conducía
La fórmula para lograr este éxito ha sido el de impregnarle adrenalina a cada uno de los episodios. El herpetólogo, con gran rigurosidad científica, penetra en el medio ambiente de los animales, donde todo puede suceder.
Así lo ha hecho con los cocodrilos del Nilo en Sudáfrica cuando atrapó a varios ejemplares para colocarles dispositivos de rastreo y estudiar las razones por las que se están extinguiendo, o en las profundidades del océano, para analizar el comportamiento del tiburón cañabota, una de las especies marinas menos conocidas y temidas.
Durante sus peligrosos careos con animales salvajes, Barr –acompañado siempre de otros expertos en el tema, según el país que visita– también ha tenido contacto con las salamandras más grandes del planeta, gigantes que pueden medir hasta un metro y medio de largo y pesar hasta 35 kilos, así como con el dragón de Komodo, un ser carnívoro, capaz de devorar hasta el 80% de su peso corporal de una sola sentada.
O se ha enfrentado a manadas de hipopótamos armados con colmillos que pueden tener hasta 30 centímetros de largo y la capacidad para destrozar huesos como si fueran de mantequilla.
Sin embargo, el encuentro más dramático fue el que Brady tuvo en el 2007 con una pitón asiática (una de las serpientes más largas del mundo) en las cuevas acuíferas de Indonesia. Ante las cámaras, el gigante animal se sintió amenazado y le clavó los colmillos en una pierna.
Debido a la gravedad de las heridas y al peligro de infección, el equipo de Nat Geo decidió suspender la filmación de ese día.
Tras una hora de caminar entre montañas, el científico recibió atención primaria y, 27 horas más tarde, tuvo acceso a los antibióticos necesarios para salvar su vida.
Las cicatrices del ataque le recuerdan todos los días los cuidados que debe tener para sacar adelante su trabajo y “no morir en el intento”.
Mas estaban equivocados quienes pensaron que Brady iba a desistir de su objetivo con la pitón. Seis meses después, cuando consiguió recuperarse, regresó al mismo sitio para capturar a su agresora, medirla y estudiarla.
“Así es él, ¡qué le vamos a hacer!”, dice su esposa Mei Len, desde la casa que esta pareja posee en Maryland, Estados Unidos. Barr se encuentra de viaje por Alemania pero, por medio de ella, accedió a contestar algunas preguntas planteadas por la
–La oportunidad de educar a millones de personas sobre los problemas ambientales. La televisión es un gran medio para lograrlo.
–Es una pregunta difícil. Los encuentros más recientes son los que más tengo en mente. Cazar a una serpiente venenosa es muy peligroso. Durante toda mi carrera, he atrapado cocodrilos y, aunque uno cree que tiene práctica, ocurren accidentes. Por ejemplo, me he enredado con los mecates y me he caído al agua.
–Pienso ‘tengo que tener mucho cuidado, no puedo cometer errores’. Yo perdí a uno de mis mejores amigos por culpa de una culebra venenosa debido a un simple error, y eso siempre está en mi mente. Trato de concentrarme y esperar lo inesperado.
–Introducir a los televidentes en el mundo natural y crear conciencia de que debemos preservar las especies.
–Estoy trabajando en un filme sobre la mordedura de los tiburones, pero más allá de lo obvio. Queremos determinar el poder de las bacterias y el trauma que se produce en una mordedura. En unas semanas también estaré viajando a Uganda para entrenar a unos guardaparques en cómo capturar y reeducar cocodrilos que se han devorado a varias personas. Intentaré capturar cocodrilos muy grandes en la laguna Victoria, en África y después, usaremos tecnología militar para cazar una mamba negra. Con un tipo de robot, investigaremos los escondites de las pitones. Espero demostrar que esta tecnología se puede usar en investigaciones silvestres sin peligro para los humanos.