Sus platos eran de plata, dormían en sábanas bordadas, se vestían a la última moda y viajaban por el mundo entero: los perros de los Windsor llevaron una vida tan privilegiada como la del propio duque, antes Eduardo VIII, el rey de Inglaterra que abdicó del trono por el amor de una estadounidense divorciada, Wallis Simpson.
La casa parisiense del duque y la duquesa de Windsor, cuyo contenido será subastado del 19 al 27 de febrero en Nueva York, estaba llena de canes -reales y en porcelana-, principalmente doguillos, esos perritos de cara aplastada.
Ahora, una de las 18 sesiones de la subasta Windsor -la más importante venta monárquica del siglo- estará consagrada a las pertenencias de Trooper, Disraeli, Impy, Diamante o Davy Crocket, que incluyen abrigos de lana, valorados entre 100 y 200 dólares, collares de plata grabados (de 400 a 600 dólares) y cojines de terciopelo bordados con el anagrama ducal.
Además, se rematarán en esa sesión objetos -cuadros, estatuas, libros, cojines- que evocan a estos perritos chatos, que los duques amaban tanto y de los que tuvieron once, durante sus 35 años de matrimonio.
Sin olvidar, claro, los platos bañados en plata donde comían los doguillos, cuya vida no era tan perra como lo es para tantos que no son... perros.
Los perritos dormían entre sábanas de lino y almohadas bordadas con imágenes de otros perritos, y en los collares se leían inscripciones cariñosas de los Duques, o pidiendo protección a los santos. ("San Roque, protege mi perro", lleva escrito un collar.
Los perritos tenían también la curiosa costumbre de ofrecer regalos a los duques -encendedores, cigarreteras-, como lo atestiguan tantos objetos que llevan dedicatorias a los duques de parte de "Disraeli" y de "Impy". Una cajita de fósforos, en oro, del duque, dice: "De Wallis, Trooper, Disraeli, Davy Crocket..."
Tal vez los doguillos eran los hijos que los Duques nunca tuvieron, comentó una periodista en la presentación a la prensa de la colección Windsor.
Y no sólo eso: para poner el toque windsoriano a las presentaciones de la colección, el sábado, Sotheby's va a ponerse de manteles largos para recibir a unos 50 doguillos, que respondieron a la invitación de venir a tomar el té de las cinco, en honor del duque y de la duquesa de Windsor. Entre ellos, asistirá el perrito de Brigid Berlin, la que fue musa de Andy Warhol.
Los doguillos, con su cara aplastada, fueron no sólo los favoritos de los Windsor, sino también de los emperadores chinos, y luego de las cortes europeas desde el siglo XVI.
Se dice que uno de ellos mordió a Napoleón en su noche de nupcias, otro llevaba mensajes a la emperadora Josefina en prisión, y María, reina de Escocia, estuvo acompañada de sus doguillos en su camino al patíbulo. Fue también el animal preferido de madame de Pompadour, cortesana real.
Más que cualquier otro perro, los doguillos están en el origen de numerosas colecciones, sin que nadie sepa el porqué, concluyó una encuesta de The New York Times publicada el domingo pasado.