Por Lola Loscos
París, 4 oct (EFE).- El pret-a-porter estival 2006 se perfiló hoy en París etéreo y sofisticado, de las cariátides de muselina y cuero dorado, anís o rosa de Stella Cadente, a las mujeres de contundente elegancia para las que trabaja el alemán Karl Lagerfeld.
Vestidas de blanco, con vaporosos vestidos estampados o con chalecos de corte masculino, el modisto alemán, que el viernes presentará al mundo su nueva colección Chanel, conquistó hoy a un público no menos sofisticado que los modelos presentados al otro lado de la pasarela.
"En realidad, la originalidad suprema de un desfile Lagerfeld es visible también en 'los pasillos'", comentaba uno de sus invitados al término del desfile, donde el gran modisto acababa de dar prueba de su increíble intuición creadora y su inmensa capacidad de trabajo.
De impecable imagen pasados los setenta; juvenil, pese a su cabellera blanca pulcramente recogida en coleta, Lagerfeld retornó a París hace sólo unos días, tras triunfar con su visión Fendi de la primavera-verano 2006, en la última semana de la moda de Milán.
En contraste con la segura elegancia de su colección, Stella Cadente llevó a su gente al Molino Rojo, inspirada por "la apariencia y el disimulo", por esas "musas" que le "encantan" y le "inspiran" y por esa "carne conmovedora que vestimos soñando desvestir".
Con estas consignas de base, la diseñadora ucraniana Stanislassia Klein creó sus modelos para la firma Cadente, todos sexy, muchos transparentes y fluorescentes, a menudo plisados y metalizados, en verde, rosa, lila y oro.
Prenda clave de la colección, la "culotte" de color coral, a juego con el ribete fucsia fosforescente de algunos de sus modelos, siempre visible bajo faldas cortas o largas más o menos transparentes, de punto o de tul.
Otros modistos inscritos en la agenda del día fueron Andrew GN, Vicent Darré para Emanuel Ungaro, Bruno Pieters, Véronique Branquinho, Riccardo Tisci para Givenchy; Olivier Theyskens para Rochas y Dries Van Noten
También hoy, el vespertino "Le Monde" subrayaba el encanto de la colección presentada el martes por el español Juan Pedro López, en particular sus vaporosos vestidos versión lencería, sobre camisetas de tirantes y medias transparentes, y sus ligeras y escotadas combinaciones sobre pantalones con bolsillos reemplazados por amplias aperturas.
En el ambiente y entre la prensa reinaba aún también el recuerdo la belleza ligereza y transparente mostrada anoche en el Grand Palais por el modisto John Galliano para la firma Christian Dior.
La velada, que al parecer supuso una inversión de más de un millón de euros para el grupo LVMH, líder mundial de la industria del lujo, incluyó una selecta presentación nocturna de la exposición "Klimt, Schiele, Moser, Kokoschka. Viena 1900", abierta hoy al público y patrocinada por el propietario de la firma Dior.
En el desfile, el primero de los tres que tendrán lugar estos días en el recién restaurado Grand Palais, Galliano confirmó la tendencia lencería que dominará parte del verano próximo en el terreno de la moda.
En su caso, preferentemente de color carne, beige o rosa, con algunos 'degradés' hacia el naranja o el fucsia a partir de las caderas.
Tules, amplios volúmenes, también en las mangas, falsas transparencias de chantilly negro sobre leve vestido del mismo color que la piel u osadas y volátiles revelaciones de pectoral, serán el verano próximo algo típicamente Dior como la costumbre de Galliano de pasar un momento tras el desfile con sus invitados especiales, aquellos poseedores de un pase difícil de obtener y de franquear las múltiples barreras instaladas a los efectos.
Un pequeño camerino construido para la ocasión, espera a los voluntarios, no muy lejos de cada pasarela Dior.
La tarea es ardua y meritoria para todo aquel que intenta acercarse al artista sin guardaespaldas que le despejen el acceso, pero nada desanima a los múltiples 'fans' y a algunos colaboradores de la firma, dispuestos a todo para saludar a Galliano. EFE
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