
PARÍS. AFP El planeta Venus, que giraba muy lentamente sobre sí mismo en la década de 1990, ralentizó su marcha aún más y ganó más de seis minutos por día, según un nuevo estudio revelado esta semana.
La diferencia es muy pequeña, ya que la duración de un día en Venus equivale a 243 días terrestres.
Sin embargo, “ese desfase es importante a escala astronómica”, de acuerdo con Pierre Drossart, científico del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia, que analizó los últimos datos facilitados por la sonda europea Venus Express.
Venus Express es la primera misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) a ese planeta. Fue lanzada en noviembre del 2005 y se espera que concluya en diciembre del 2012. Sus objetivos son estudiar la atmósfera, el medio de plasma y la superficie de Venus en detalle, así como las interacciones superficie-atmósfera.
Es controlada desde Darmstadt (Alemania).
Observaciones. El espectómetro Virtis, embarcado abordo de esa sonda cartografió recientemente la superficie de Venus.
Para su sorpresa, los científicos descubrieron un desfase entre sus mapas y los establecidos en la década de 1990 por el satélite estadounidense Magellan , con diferencias de hasta 20 kilómetros en algunos lugares.
La interpretación de esta diferencia es que la propia duración del día ha debido de cambiar en los últimos 16 años, añaden los científicos europeos.
Esta diferencia está estimada en 6,5 minutos terrestres por día venusiano, explica el Observatorio de París, en un comunicado oficial.
La razón más probable de esa variación es la interacción entre la superficie y la atmósfera de Venus.
Aunque Venus se parece a la Tierra por su masa y su tamaño, su atmósfera es mucho más densa, y su contacto con la superficie puede modificar su rotación en función de los vientos y las temperaturas.
No obstante, esta tendencia no significa necesariamente que a largo plazo Venus deje de girar o empiece incluso a girar en sentido inverso.
“Es difícil de decir con solo dos medidas, pero los modelos teóricos llevan a pensar más bien que se trata de variaciones cíclicas”, apunta Pierre Drossart.
“Si la atmósfera se acelera, el planeta se ralentiza, y viceversa. Puede haber oscilaciones tanto de un lado como del otro”, añadió.