El año del vehículo, aunado al kilometraje que este tenga determinarían la factura que el parque vehicular le pasa al ambiente por concepto de emisiones.
La premisa anterior es el punto de partida del estudio Impacto ambiental de los autos usados en Costa Rica: un análisis preliminar, publicado por dos exinvestigadores del Centro Científico Tropical, Jaime Echeverría y Gerardo Solórzano.
El escrito recoge datos en los que se refleja que las políticas de importación y de impuestos han favorecido la llegada de autos usados. Esta información es contrastada con las realidades de otros países, en los que se favorece el consumo de vehículos menos contaminantes.
Este estudio también destaca la realidad de la flotilla vehicular de los países desarrollados, en donde cambiar las piezas de los autos es un procedimiento caro, por lo que prefieren deshacerse de ellos y enviarlos a países subdesarrollados, como Costa Rica.
Los autores señalan que la libre importación de vehículos genera mayores costos y gastos en repuestos, reparaciones, mantenimiento y recursos humanos.
Según Echeverría y Solórzano, el impacto ambiental está supeditado al crecimiento del parque vehicular, al aumento de la población y al mayor consumo de combustible, datos que calzan a la medida con la situación del país.
Para disminuir la presencia de autos viejos en el país, los autores proponen la reducción de la edad promedio del parque automotriz.
Los impuestos: una de la razones
Como antecedentes, el documento se basa en la política gubernamental implementada en la década de los ochenta en el país, –y que actualmente se mantiene– sobre los esquemas de depreciación que pretendían favorecer a la clase media, mediante la posibilidad de adquirir un automotor usado, sin disminuir los ingresos del Estado.
Los autores sostienen que en dicho programa no se consideraron factores como el incremento de la contaminación, mayor importación de repuestos, menos productividad para la economía; entre otros.
Según el estudio, el esquema favorece a los autos usados, y causa serias repercusiones en el precio de los autos nuevos, los que se vuelven más difíciles de adquirir.
En contraste con lo anterior, los autos usados se vuelven mucho más accesibles. Echeverría estimó que aumentar un 10% el precio relativo de estos automotores representaría una disminución de hasta un 6% en sus ventas totales.
El impacto ambiental
Para sustentar la afirmación de que los automotores más viejos tienen mayores coeficientes de contaminación, en comparación con los nuevos, Echeverría y Solórzano se basan en dos factores:
El primero es la obsolescencia. Esto quiere decir que, año a año, un mismo modelo de vehículo tiene una tecnología superior a su antecesor, lo que lo vuelve más eficiente, más económico y mucho más amigable con el ambiente.
El segundo factor es la antigüedad, que se refiere a la vida útil del automotor. Conforme pasan los años, los sistemas y componentes dejan de funcionar y se deterioran.
Como referencia a lo anterior, se brinda el ejemplo de los Estados Unidos, donde el Departamento de Energía dictaminó que los modelos con más de diez años son los responsables del 15% de las emisiones de hidrocarburos.
No obstante, la factura que pasan los automotores al ambiente no solo se traduce en más emisiones, sino también en más acumulación de desechos.
Todos los vehículos requieren cambios de piezas, que, en su mayoría, no son biodegradables. Lo que lleva al constante cuestionamiento de ¿qué hacer con estas?
Entre los componentes que se cambian con mayor frecuencia están las baterías, que contienen plomo y ácidos; las llantas, cambiadas cada 50.000 kilómetros, en promedio; que son criaderos de enfermedades, los químicos, y, finalmente, los frenos, elaborados con amianto, que es un alto contaminante.
La premisa de los investigadores, en este sentido, es que cuanto más viejo el auto, mayores reparaciones y mantenimiento requiere.
Conclusiones y recomendaciones
De acuerdo con el material y las pruebas recogidas, los investigadores concluyeron que en Costa Rica los controles ambientales son mínimos, pues los impuestos no son proporcionales al nivel de contaminación de cada automotor.
Como prueba de lo anterior, el estudio menciona el hecho de que en el país solo se pide que los autos cuenten con un catalizador.
Entre las soluciones, los investigadores proponen la implementación de un sistema de transporte integral y mecanismos para deshacerse de los autos viejos, como los programas de recolección de chatarra –implementados en otros países, en donde el Estado compra el vehículo a los propietarios, y se deshacen de este de la forma más amigable con el ambiente–.
En el caso de los neumáticos, las ideas que se brindan van en dirección a los diferentes usos que se le pueden dar a estos, como utilizarlos como materia prima para asfaltar, almohadillas, paragolpes, estribos y hasta para producir un combustible denominado TDF (Tyre Derived Fuel).
El estudio también recomienda la fiscalización obligatoria de que el vehículo cuente con un catalizador en perfecto estado, antes de ingresar al país.
En cuanto a los impuestos, recomienda la completa eliminación de estos a los automotores nuevos y a los eficientes, en el uso de los combustibles, así como la igualdad en cuanto a las normas de emisiones entre vehículos nuevos y usados.
Por último, promueve la adquisición, por parte del Estado, de solamente motores de cuatro tiempos.