LA PRESENCIA DEL MAL está ahí, en lo profundo de la cordillera de los Cárpatos, en la región oscura y misteriosa de Transilvania, sobre todo cuando el Sol se oculta y los leviatanes salen de las pesadillas. Así lo muestra el guionista y director Stephen Sommers en la película Van Helsing, el cazador de monstruos (2003).
No es exactamente una cinta de horror, aunque sus personajes le hayan dado sustento a la literatura y al viejo cine de terror. Porque ahí están, desde el principio, el doctor Frankenstein, su criatura homónima y su traicionero asistente Igor. Un buen comienzo de la película en blanco y negro.
Luego se nos presenta al personaje principal, Van Helsing, conocido por su duelo con Drácula. Ahora es una especie de superhéroe salido de un cómic, perteneciente a una cofradía secreta, a quien vemos enfrentándose al señor Hyde, esto es: al lado tenebroso del doctor Jekill.
Luego, Van Helsing debe buscar a Drácula para liberar a la familia Valerious de una maldición, familia a la que pertenece la intrépida Anna. Además, el héroe indaga en el misterio lunar del Hombre Lobo. Van Helsing es un caballero en contra de endriagos, acompañado de su escudero y fraile Carl, experto en armas.
Ya lo vieron: son personajes que hemos conocido en distintos momentos, en novelas de Bram Stoker, de Mary Shelley, de Robert Louis Stevenson o en leyendas heredadas. O los hemos visto en el cine, en las viejas películas de los estudios Universal, o con Bela Lugosi, Boris Karloff, Lon Chaney, Vincent Price, en fin.
Las novias muerdecuellos aparecen para enfatizar en el elemento erótico que existe entre el placer y el horror (aquí encarnadas por las actrices Elena Anaya, Silvia Colloca y Josie Maran). Como Van Helsing actúa Hugh Jackman, como Anna tenemos a Kate Beckinsale y como Drácula a Richard Roxburg.
Van Helsing, el cazador de monstruos, con todo, es más un filme de acción y aventuras que de terror. Por eso, hace confluir distintos personajes en un solo tiempo y momento: para recrear un mundo imaginario a favor del lance aventuresco. Por tal razón, tenemos un panteón de monstruos, con romances incluidos.
Hay mucha acción, siempre acompañada de música que la anima, con buenos trucos digitales, mejores decoraciones y exhaustiva atmósfera de mundos tenebrosos en el siglo XIX. Hay novedad y fuerza en el relato. Hay humor. Hay sensación de cómic. Hay visualización imaginativa. Todo eso, para disfrutar de la aventura.
Ya ven: gracias al cine, estos monstruos siguen con vida, mueran o no en cada película.
Cómo, cuándo, dónde...:
Van Helsing, el cazador de monstruos se exhibe en Cinépolis, Cinemark y Circuito de Cines Magaly.
Entrada: De ¢1.000 a ¢1.500, según la sala. Precio especial en funciones de la tarde y para pensionados.
Horario: Funciones regulares.
Estreno: Mañana, viernes.