El Ministerio de Salud decidió incorporar a partir de este año, de manera obligatoria y permanente, la vacuna contra la hepatitis B para los recién nacidos, con el fin de rebajar la incidencia de esa enfermedad infectocontagiosa, según anunció ayer Fernando Marín, viceministro de Salud.
Marín explicó que, para 1997, se adquirieron 240.000 dosis, con un costo de ¢115 millones, aportados por la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Anualmente, se programará un presupuesto similar.
Esta iniciativa de vacunación se inició hace 14 meses a través de un plan piloto, cuyo marco de acción se centró en las comunidades de Pérez Zeledón y San Ramón, zonas catalogadas de alto riesgo. En esa oportunidad se contó con la donación de 240.000 dosis por parte de la compañía Smithkline Beechman.
En esta oportunidad el plan está diseñado a largo plazo -entre 10 y 15 años- y abarca todo el territorio nacional.
"La idea es tener una población en el futuro que esté libre de esta enfermedad, la cual, en caso de complicaciones, puede provocar severos daños en los pacientes; en ciertos casos evolucionar hasta convertirse en un cáncer en el hígado", expresó el funcionario.
La vacuna se aplica al nacer (primera dosis), a los 2 meses (segunda dosis) y a los 6 meses (la tercera). Se administra en forma intramuscular en un brazo o muslo.
Para este año, las dosis serán únicas; es decir, son frascos individuales que permitirán su aplicación en cualquier momento. Anteriormente, se inyectaba en fechas determinadas.
El promedio anual de casos de hepatitis, en general, ha venido descendiendo. "A inicios de la década de los ochentas se reportaron cerca de 4.000 casos y para fines de la década del noventa esperamos bajar la cifra a unos 700 casos aproximadamente", añadió Marín.
En 1995 se notificaron 45 casos de hepatitis B; en 1996 se reportaron 49, cifra que representa una tasa anual de 1,4 por cada 100.000 habitantes.
La hepatitis B es una enfermedad que se transmite de forma muy similar al sida, por contacto con sangre contaminada a través de transfusiones de derivados, tratamientos dentales, uso de agujas, tatuajes, drogas y peleas en que pueden provocarse heridas. Además, se puede adquirir al consumir alimentos o agua contaminada, entre otros medios.