
USHUAIA, Argentina (AFP) - Ubicada en el confín del Atlántico y a las puertas de la Antártida, la ciudad argentina de Ushuaia es un imán para miles de turistas -especialmente estadounidenses y europeos- que buscan acercarse a una naturaleza aún virgen en el llamado Fin del Mundo.
La urbe más austral del planeta, a 3.040 km de Buenos Aires, recibe al visitante con un singular misticismo fundado en increíbles historias de intrépidos navegantes y aventureros, que aún persisten en las montañas nevadas, el puerto sobre el canal de Beagle y el paradisíaco Parque Nacional provincial.
Quienes más se sienten atraídos por estos paisajes remotos son turistas de Estados Unidos (41.472 visitantes), seguidos por España (24.693), Reino Unido (10.012), Francia (8.901), Alemania (7,698) e Italia (7,202), según el último Informe Estadístico 2005/2006 de la secretaría de Turismo.
Entre los latinoamericanos, quienes más visitan la capital de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e islas del Atlántico Sur, son los brasileños (5.596), chilenos (2.633), uruguayos (1.041) y colombianos (948), de acuerdo a los datos oficiales.
En 2005 llegaron a la ciudad 204.974 turistas (5,9% más que 2004) y la gran mayoría lo hizo en la temporada estival, ya que muchos de los visitantes arriban en cruceros y el resto del año las condiciones climáticas dificultan la navegación en la zona y la llegada a la Antártida.
El 'boom' internacional de los cruceros no se detiene en el extremo austral americano. En 2005/6 los visitantes de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Suiza arribaron en su mayoría por cruceros, representando el 88, 60, 76 y 58% sobre el total de visitantes de cada procedencia.
La presencia de estos enormes buques ya es parte del paisaje del puerto de Ushuaia, construida a la vera del Canal de Beagle y con sus espaldas resguardadas por montañas y glaciares.
Naves como el Norwegian Crown (1.100 pasajeros), el Rotterdam (1.300) o el Infinity (1.950), provenientes de la Antártida, las islas Malvinas o la ciudad chilena de Punta Arenas, recalaron en el puerto el verano pasado y sus pasajeros bajaron en oleadas para hacer excursiones programadas.
El frenético crecimiento de la ciudad a raíz del turismo, se refleja por ejemplo, en su caótica arquitectura de edificios bajos y sin estilo predominante, aunque se conservan algunas pintorescas casas de pioneros europeos construidas a fines del siglo XIX.
Lo más atractivo está fuera de la urbe, en una pródiga naturaleza que ofrece nieves para los amantes del esquí, ríos y lagos de montaña para quienes prefieran pescar truchas e interminables senderos entre árboles centenarios para los que disfrutan del bosque.
La industria turística es el principal empleador después del Estado. Genera 5.000 puestos de trabajo e ingresos cercanos a los 300 millones de pesos (100 millones de dólares), según datos oficiales.
El problema es que la temporada alta (octubre a marzo) permite cinco meses de casi plena ocupación, pero los otros siete son de escasa actividad.
Por eso, el desafío es mantener el flujo turístico a lo largo del año y para eso el Gobierno ideó una agenda cultural de temporada baja que incluye, por ejemplo, el Festival Internacional de Música Clásica.
Este año, en su tercera edición, la Orquesta Filarmónica de Berlín llenará con sus acordes el Hotel Glaciar, construido sobre la ladera de la montaña y con una vista privilegiada sobre la bahía. En las ocasiones anteriores se presentaron la orquestas de Viena y Praga.
A esta oferta se suma la Primera Bienal de Arte Contemporáneo del Fin del Mundo inaugurada este mes y la fiesta de celebración de la noche más larga del año (del 20 al 21 de junio).
La ciudad de Ushuaia, nombre que deriva de las voces Ushu que significa "al fondo" y waia "caleta, bahía o puerto" en la lengua yámana, tiene unos 70.000 habitantes.
© 2007 AFP