Sus historias solo toman unos cuantos cuadritos. Es la lectura favorita de millones de personas alrededor del mundo, ya sea en periódicos o revistas. Niños y adultos, sin importar la edad, disfrutan leyendo sus vidas de papel.
Es el comic, la viñeta, la tira cómica, los muñequitos, los tebeos, la band desineè, la historieta... Llámese como se llame, es una de las formas de comunicación más populares y poderosas de este siglo.

De Asterix a Superman, de Mafalda a Carlitos, de Dick Tracy a Boogie el Aceitoso, todos nos llevan a un universo de fantasía.
Charles M. Schultz, Quino, Fontanarrosa, Milton Cannif, Hugo Pratt, Walt Kelly y Chester Gould son algunos de los padres con lápiz de estos seres que nunca existieron y que, sin embargo, son tan reales.
Esto es apenas una mirada a la tierra del comic, donde los estadounidenses mantienen una hegemonía desde el punto de vista de la comercialización.
Primeros trazos
Los primeros libros en forma de historieta fueron publicados en Europa en los siglos XVIII y XIX. Eran cuentos de hadas y libros de texto con el propósito de enseñar a los niños a leer y escribir.
La naciente prensa de la centuria pasada ilustró sus páginas -a falta de fotografías- con dibujos e ilustraciones; pero la gente prefiere las historietas, por lo que los periódicos ceden su espacios a los humoristas, quienes crean los primeros personajes.
Si bien nacieron en el Viejo Continente, la industrialización de las tiras cómicas tuvo lugar en los Estados Unidos a principios de este siglo. Las historietas, publicadas en colores los domingos, se volvieron inmensamente populares en los cotidianos de la nación del norte.
De este modo, las tiras elaboradas para un medio impreso pronto fueron vendidas a otros diarios de ese país por medio de sindicatos. Así, el caricaturista rápidamente se llenaba de dinero y encargaba a otros dibujantes la tarea -durísima- de hacer las viñetas.
No en pocas ocasiones a la muerte del creador los sindicatos encargaban a otro la confección de la tira cómica, quien copiaba, literalmente, el estilo. Sin embargo, con el tiempo, la historieta se volvía irreconocible y de una calidad frecuentemente inferior a la original.
No tan inocentes
Los primeros comics son manifestaciones sencillas llenas de humor por el humor. Pronto, los dueños de la gran prensa estadounidense se dan cuenta de que, además de negocio, las historietas son un poderoso medio de difusión de ideas.
Como cualquier otro bien susceptible de mercadeo, no tardó en ser exportado: así se inició otra forma de penetración cultural, sobre todo hacia los países latinoamericanos pues impulsaban los valores del llamado American Way of Life
Por ejemplo, Lorenzo y Pepita y Anita la Huerfanita se dedican a reflejar el estilo de vida de la clase media norteamericana (la primera) y a pregonar las virtudes del capitalismo (la segunda).
Además, otras historietas reflejan el momento de la política exterior de los Estados Unidos.
Terry y los Piratas, La Mujer Maravilla, Jim de la Selva, El Agente X-9 y Supermán se convierten en otra forma de combatir contra el fascismo y el comunismo.
De hecho, durante la Segunda GuerraMundial, los diálogos de El Fantasma eran mensajes cifrados para los cuerpos de inteligencia de los aliados.
Sin embargo, existen tiras que realizan críticas demoledoras y feroces de la sociedad y el estilo de vida estadounidense. Entre ellas tenemos: Lil'Abner, de Al Capp, que se desarrolla en las montañas de Estados Unidos; Pogo, de Walt Kelly, una tira con animales como personajes, y Peanuts, (Carlitos), de Charles M. Schultz, donde los niños hablan como adultos. Todo, sin dejar de lado a la mejor revista satírica de todos los tiempos: Mad.
De otros rumbos
La historieta norteamericana tiene prácticamente copado el mercado mundial (como sucede con las películas); pero el llamado octavo arte cuenta con notables aportes de otras tierras.
Mencionemos: Asterix (Francia), de Goscinny y Uderzo, aventuras de galos y romanos; Les Schtroumps (Los Pitufos), del belga Peyó, que se llevó al cine y la televisión; Boogie el Aceitoso, de Fontanarrosa (Argentina), acerca de un mercenario gringo quien mata y golpea por encargo.
Es imposible olvidar a Mafalda, dibujada por el argentino Quino (Joaquín Lavado), traducida a muchos idiomas y ampliamente comercializada. Pese a que que no se producen nuevas tiras desde hace tres décadas, Mafalda conserva una enorme popularidad entre lectores de todo el planeta.
Comic 1997
La Editorial de la Universidad de Costa Rica tiene en proceso de edición del libro Los 100 años del comic, cuyo autor es el chileno Miguel Rojas Mix.
Por otra parte, en Seúl, Corea del Sur, del 27 de setiembre al 5 de octubre, se llevará a cabo el Festival Internacional de Comics y Animación Dong-A.LG 1997.
Mayor información acerca de este festival puede obtenerse por medio de la red mundial Internet: http://www.donga.com