Es puntual, y ¡cómo no serlo! si el tiempo es su negocio. Todas las mañanas, a las 8:30 a. m., José Luis Cavallini sale a tomar el bus acompañado de su bastón. Media hora después ya está listo para trabajar en la relojería Cavallini, en el Mercado Central.
Este negocio lo inició su padre hace más de cien años, él lo consolidó, y ahora es propiedad de uno de sus hijos. Sin embargo, don José Luis no se desliga del lugar, y, además de ser el responsable de la caja, es quien repara los viejos relojes que muchos dan por perdidos.
Tiene 79 años, pero su habilidad con las manos y visión intacta le ayudan a construir las pequeñísimas piezas para revivir las antigüedades de pared.
"Los secretos de la relojería los aprendí a los ocho años. Trabajaba por las noches al lado de mi hermano. Él me pagaba con cuentos. Yo limpiaba los despertadores y él me contaba historias increíbles", recuerda. Penúltimo de 25 hermanos, desde muy joven asumió responsabilidades al morir su papá. Cavallini heredó el negocio de la familia y a base de "ahorritos" -como él los llama- amplió la relojería.
"Hice contactos con casas de Suiza e Italia, solo me respondieron los suizos. Vendíamos repuestos más baratos, y siempre fuimos muy honrados".
Es vanidoso con su labor, y además de dejar los objetos como nuevos, siempre le gusta quedar bien con el cliente.
"Es vacilón, a veces llega gente con facturas de hace más de 40 años o con relojes que les reparé hace mucho tiempo."
Los deseos de superación se convirtieron en la filosofía de su vida. El construir un hogar junto a su esposa, Zelmira, fue el aliento para nunca bajar la cabeza.
"Mi esposa y yo tenemos 54 años de casados, y el matrimonio ha sido muy bonito. Si yo naciera de nuevo lo daría todo por casarme otra vez con ella", asegura con voz ronqueta.
Su alta figura, cabello cortísimo, y discreto bigote, no dejan ver las secuelas de una cirugía de corazón.
Además, optimista como es y cargado de energía, no se da tiempo para quejarse o revivir malos ratos, siempre busca algo qué hacer, pues le encanta estar activo.
Vivir minuto a minuto
El jardín de la casa es uno de sus grandes tesoros. Apenas abre los ojos sale a admirar sus árboles de limón dulce, sus orquídeas, o a alimentar las palomas que se acercan.
Luego se alista para ir al trabajo. Al mediodía ya está de vuelta, pero allí siguen las obligaciones.
En un pequeño taller, ubicado en su casa, se dedica a reparar los relojes. Sobre un escritorio de madera, empotrado en un librero, están todos los instrumentos necesarios: pinzas, lentes, destornilladores y un pequeño radio para amenizar el ambiente.
Decenas de relojes antiguos adornan las paredes y su monótono sonido compite con la música que se escucha al fondo.
Habilidad en las manos
Sus manos no solo lo dejan hacer magia con el tiempo, también le permiten explotar su talento para la pintura.
"Siempre me ha gustado la pintura. Desde chiquitillo, cada vez que me encontraba un papelito mal puesto me ponía a hacer dibujos. Incluso ahora, cuando estoy en la caja, cuando menos lo espero, estoy pintando".
Varios de su cuadros cuelgan en su casa, los paisajes son sus favoritos, aunque también aparecen las frutas.
"Un día hablé con un profesor que daba clases de pintura por televisión y empecé a ir a clases con él. Para mí lo más difícil era hacer los colores. No se imagina cómo terminaba mi gabacha después de las lecciones, ¡era un desastre!", confiesa entre risas.
Relojero, pintor... y deportista. Desde muy chico practicó bochas (juego en el que competían dos equipos, cada uno tiraba una bola de color para tratar de alcanzar una principal) y llegó a militar en el equipo del Tenis Club. La sala de televisión de su casa alberga decenas de trofeos, placas y títulos que ganó durante su carrera deportiva.
"Los domingos llegaba gente a jugar a mi casa con mi papá. Cuando faltaba alguien me ponían a mí, y así fue como aprendí".
Se retiró hace 10 años porque tiene un problema en las piernas que le dificulta agacharse. Ahora se dedica al billar, y cada vez que tiene tiempo lo practica.
Pero cada momento libre prefiere aprovecharlo al lado de su familia. Cuando habla de sus hijos los ojos le brillan, y ni qué decir cuando menciona a sus doce nietos. Para él, son su mayor tesoro, y por ellos está dispuesto a todo sacrificio y reto.