En un artículo anterior (La Nación , “Decisiones por Costa Rica”, Página Quince , 27/09/2010), me referí a la necesidad de situar a la cultura y a la educación como ejes transversales del desarrollo costarricense, junto a la ciencia, la tecnología, la innovación, el sistema empresarial y los emprendimientos, todo en el marco de un fuerte Estado de derecho que no sea burlado por gobernantes y gobernados.
El asunto no es superfluo. En la convivencia colectiva y en la biografía personal, estos aspectos constituyen factores decisivos de una vida con sentido y horizonte, son tan importantes que no pueden dejarse al arbitrio de mentalidades cortoplacistas atrapadas en un activismo atolondrado y grotesco. En lo que sigue me concentro en uno de los asuntos indicados: la cultura.
¿Por qué es importante lo cultural? En un mundo definido por relaciones inciertas y conflictivas entre distintas civilizaciones y centros de poder, a Costa Rica le es cardinal cultivar sus raíces históricas, ser fiel a ellas y desarrollar sus capacidades de inserción diferenciada e inteligente en la sociedad global. De lo que se trata es de potenciar la singularidad nacional en el marco de una globalización plena de oportunidades, pero incierta y peligrosa ¿Cómo hacerlo sin cultura, de espaldas o en contra de ella? Imposible. La cultura es nuestra esperanza, el fundamento de la incorporación de lo costarricense en lo transnacional y planetario.
Respecto a la relación entre cultura nacional y globalización, conviene insistir en lo indispensable que resulta mejorar los indicadores de mercado, competitividad e inserción en la economía global, pero también y con igual énfasis, es esencial potenciar los quehaceres culturales, a fin de que la cultura deje de ser el adorno, más o menos inútil, que se agrega – sin ganas– al proceso de toma de decisiones. Conviene, en la dirección apuntada, cultivar una correlación positiva de variables económicas con aspectos socioculturales y viceversa. Es contraproducente la tesis que postula el carácter incompatible, mutuamente excluyente de lo económico y lo cultural. La economía y la cultura pertenecen a la misma realidad, y no se justifica negar la importancia de ninguna de ellas.
En relación a lo dicho el país cuenta con una masa crítica de pensamiento y acción que es imperativo actualizar y cultivar en todos sus extremos. Recuérdese, por ejemplo, el Primer Encuentro Cambio de Época y Producción Cultural desde Costa Rica (1996), el Encuentro La voz de los artistas al final del milenio (1996), la Jornada Nacional de Reflexión: Debate en la cultura inaugurada en el Teatro Nacional (1996), los aportes sobre el desarrollo cultural insertos en el primero, segundo, tercero, cuarto y quinto Idearios Costarricenses (1943, 1977, 1993, 2000-2001 y 2010) y la Jornada Nacional de Reflexión sobre Globalización y Cultura (2000).
Algunas de las ideas recurrentes en los eventos mencionados, son las siguientes: Primera, es necesario insertar lo cultural en el marco de un orden de prioridades correlacionadas a nivel de Estado; segunda, conviene que el Estado visualice y potencie el impacto del quehacer cultural en el desarrollo socioeconómico, y esto forma parte de las responsabilidades institucionales del sector cultura; tercera, el desarrollo social y económico es una condición cultural en la medida que depende de las ideas y valores que inspiran el trabajo de las personas; cuarta, no es el Estado dueño o propietario de las expresiones culturales – como postulan todos los centralismos –, sino su facilitador. De estas ideas se desprende un principio básico: La orientación pública en cultura debe transcender lo coyuntural y asumir contenidos permanentes y duraderos, con independencia de los períodos gubernamentales.
Temas. Conforme a lo dicho conviene preguntarse sobre los asuntos de que se ocupan las orientaciones culturales del estado. Tres de ellos, por ejemplo, se relacionan al componente cuantitativo de la política cultural: La Economía de la Cultura, el financiamiento de la acción estatal en este campo y la necesidad de construir un sistema de indicadores del desarrollo cultural, que brinde una base realista a la gestión cultural y a la distribución de los recursos. La gestión de lo cultural exige información confiable, recursos suficientes bien distribuidos e indicadores y variables que permitan conocer las condiciones objetivas del ámbito cultural.
Otro grupo de asuntos que conviene cubrir se refiere a la coordinación del sector público de la cultura con educación, ciencia, tecnología y sistemas empresariales, así como al fortalecimiento de las condiciones sociales en que se desenvuelve la creatividad literaria y ensayística, el patrimonio histórico-cultural y las artes musicales, escénicas y visuales. Conviene abordar, finalmente, algunas orientaciones estratégicas tales como transformar la cultura en un contenido prioritario de la política exterior del Estado, propiciar la descentralización para el desarrollo de las expresiones locales y regionales de la cultura, y estimular a las industrias culturales sobre la base de la cooperación pública y privada.
Muchos de los asuntos referidos, si no todos, ocupan el día a día de quienes trabajan en el ámbito cultural, con lo cual ofrecen un servicio inestimable a la sociedad costarricense.
Es de justicia fortalecer esos esfuerzos y estimular un diálogo nacional sobre la cultura y su valor estratégico en Costa Rica. Deliberar sobre temas como los reseñados u otros que se propongan, equivale a introducir aire fresco en una sociedad que lo requiere con urgencia. No sugiero realizar un ejercicio especulativo sin efectos prácticos, ni tampoco invertir años en conversar sin actuar, el debate en la cultura es una reflexión para tomar decisiones y evolucionar.